
El presidente del Real Madrid acaba de lanzar el ataque más directo de su carrera política. Ayer por la noche, en el Hotel Meliá Castilla repleto hasta las banderas, Florentino Pérez miró a cámara y pronunció la frase que llevaba meses guardando: “Algunos no vienen a servir al Real Madrid, vienen a servirse”. La diana: Enrique Riquelme. El objetivo real: Ramón Calderón. La guerra electoral del Bernabéu acaba de estallar.
Pérez llevaba detectando “una campaña en la sombra” desde hace meses. Ahora, con Riquelme oficialmente en la carrera, el presidente ha decidido quitarse la careta y pasar al ataque frontal. “Ahora que hay un candidato, sabemos quién hay detrás”, ha dicho ante cientos de socios, rodeado de Ronaldo Nazario, Roberto Carlos y Pirri. La acusación es clara: detrás de Riquelme está Calderón, el presidente que tuvo que dimitir en 2009 después del escándalo de los votos falsos en la Asamblea. “La etapa más siniestra de la historia del Real Madrid”, ha sentenciado Florentino sin piedad.
El discurso ha sido una demolición sistemática. Pérez ha recordado cómo aquella Junta Directiva “robó la soberanía de los socios” metiendo a votar a “muchas personas que no eran socias del Real Madrid”. Ha puesto en duda la solvencia económica de Riquelme, aludiendo sin nombrarlo al préstamo puente con un 54% de interés que su empresa Cox Energy firmó para financiar operaciones en México — según reveló Bloomberg hace días. Y ha dejado caer que los principales bancos españoles rechazaron darle el aval para presentarse. Todo esto, mientras Ronaldo pedía el voto desde el escenario: “Presi, eres el mejor y siempre lo vas a ser. ¡Hala Madrid!”
Según fuentes del entorno de la directiva, Florentino llevaba semanas preparando este movimiento. La decisión de adelantar elecciones — apenas año y medio después de revalidar el cargo — no fue improvisada. Era una trampa. “Decidí dar la posibilidad de ir a las urnas”, ha dicho. Traducción: obligo a mis enemigos a dar la cara. Y ahora que Riquelme ha dado el paso, Pérez puede hacer lo que mejor se le da: construir un relato en el que él es el defensor del club frente a los oportunistas. “Los únicos dueños son los socios”, ha repetido tres veces. El mensaje subliminal: Riquelme y los suyos quieren ser los dueños.
El presidente ha jugado todas sus cartas en una sola noche. Ha convertido las elecciones en un referéndum sobre Calderón. Ha cuestionado la credibilidad financiera de su rival. Ha rodeado su candidatura de leyendas que piden el voto abiertamente. Y ha lanzado un ultimátum moral: “Yo soy del Real Madrid, otros quieren que el Real Madrid sea suyo”. En el madridismo, esa frase lo cambia todo. Porque implica que Riquelme no es madridista de verdad. Que viene de fuera. Que viene a servirse.
Riquelme, por ahora, no ha respondido. Pero el daño ya está hecho. La campaña acaba de empezar y Florentino ya ha marcado el terreno: esto no es sobre gestión, es sobre lealtad. No es sobre proyectos, es sobre legitimidad. No es sobre el futuro, es sobre quién merece gobernar el club más grande del mundo. La pregunta ahora es inevitable: ¿puede Riquelme remontar este golpe inicial o Florentino acaba de ganar las elecciones antes de que empiecen?
¿Florentino tiene razón al vincular a Riquelme con Calderón o es una estrategia para evitar un debate real sobre su gestión?





