
El vestuario del Levante conoció hace tres semanas la decisión más radical de Etta Eyong. El camerunés rechazó 6 millones netos anuales del CSKA de Moscú sin pestañear. “No voy a Rusia ni por todo el oro del mundo”, dijo a su agente delante de varios compañeros. La escena dejó helado al consejo directivo valenciano, que veía esfumarse 30 millones de euros por un jugador que marcó solo 6 goles en la segunda vuelta.
Pero Eyong tiene un plan. Y ese plan tiene nombre propio: Barcelona. Desde que Samuel Eto’o levantó la Champions en París 2006, el delantero de 22 años cuelga cada noche una camiseta azulgrana en su habitación. “Es el Barça o me quedo otro año aquí”, habría confesado a personas de máxima confianza del club. Una apuesta arriesgada que podría costarle su gran oportunidad de oro.
La tensión escaló el pasado martes cuando directivos del CSKA aterrizaron en Valencia con el contrato definitivo. Cinco años, 6 millones netos por temporada, cláusula de rescisión de 50 millones. Papel, bolígrafo y silencio incómodo. Eyong ni siquiera cogió el documento. “Gracias, pero estoy esperando otra llamada”, fue su respuesta. Los rusos abandonaron la reunión visiblemente molestos. El Levante perdió en dos horas el traspaso más grande de su historia reciente.
Según fuentes del entorno del vestuario, la decisión del camerunés no sorprendió a nadie. Lleva meses rechazando sondeos de media Europa. Everton ofreció un proyecto sólido en Premier League. El Stuttgart prometió titularidad inmediata en Bundesliga. El Tottenham puso sobre la mesa un salario superior al del CSKA. Todas las propuestas terminaron en la misma papelera mental: “Primero quiero saber qué piensa el Barça de mí”.
El problema es que el Barça aún no ha llamado. Flick y Deco estudian varias opciones tras la salida de Lewandowski, pero Eyong no aparece en los primeros puestos de la lista. Su irregularidad en la segunda vuelta generó dudas en la secretaría técnica azulgrana. Seis goles en las primeras diez jornadas impresionaron a medio continente. Dos tantos en las siguientes veintiocho jornadas enfriaron el interés de la mayoría.
Personas cercanas a la dirección deportiva barcelonista admiten que el nombre del camerunés “está sobre la mesa”, pero junto a otros quince delanteros jóvenes. “Es un perfil interesante por edad y físico, pero hay opciones más contrastadas”, explica alguien con acceso directo a las reuniones de Can Barça. La realidad es que el Barça tiene prioridades más urgentes: un pivote defensivo, un extremo y resolver la situación de tres salarios que bloquean nuevas incorporaciones.
Mientras tanto, Eyong espera. Y el Levante también. El club valenciano fijó su precio en 25 millones fijos más variables, cinco menos que la oferta rusa rechazada. Una rebaja que refleja la desesperación por ingresar dinero ante una situación económica delicada. “Hemos perdido 30 millones por un sueño que quizá nunca se cumpla”, reconoció en privado un miembro del consejo de administración. La frustración en las oficinas del Ciutat de València es palpable.
El caso recuerda a otros futbolistas que apostaron todo a un solo destino y perdieron. Renato Sanches rechazó al Manchester United esperando al Barça que nunca llegó. Malcom dijo no al Roma por los azulgranas y terminó siendo suplente antes de marcharse a Rusia. La historia del fútbol está llena de jugadores que confundieron un interés tibio con una propuesta formal.
El entorno de Eyong defiende la estrategia. “Tiene 22 años, puede permitirse esperar un mes más”, argumentan desde su círculo más próximo. Pero ese mes podría convertirse en dos, luego en tres, y de repente el mercado se cierra con todas las grandes plazas ocupadas. El Stuttgart ya fichó a otro delantero. El Everton negocia con un ariete brasileño. El Tottenham avanza por un inglés del Championship.
La presión sobre el camerunés aumenta cada día. Sus representantes reciben llamadas constantes de clubes de segunda fila: equipos turcos, griegos, equipos de mitad de tabla en Francia. Ofertas que hace tres meses habría considerado interesantes, pero que ahora suenan a rendición. “Si no es el Barça, tiene que ser algo igual de grande”, insisten en su equipo de agentes. El problema es definir qué significa exactamente “igual de grande” cuando tienes 30 millones de euros sobre la mesa y los dejas marchar.
En el vestuario del Levante, las opiniones están divididas. Algunos compañeros admiran su valentía. Otros cuestionan su realismo. “Todos soñamos con el Barça, pero hay que saber cuándo un tren no va a pasar”, comentó un veterano del equipo en una conversación privada. La frase resume el dilema de Eyong: ¿cuánto tiempo puedes esperar a un club que tal vez no te quiere lo suficiente?
La situación ha generado un precedente incómodo en el mercado español. Otros jugadores jóvenes observan el caso con atención. Si Eyong triunfa y el Barça finalmente llama, se convertirá en un ejemplo de paciencia recompensada. Si fracasa y termina en un destino menor, será la advertencia perfecta sobre los peligros de rechazar dinero seguro por sueños inciertos.
Quedan seis semanas de mercado. El Barça sigue sin pronunciarse oficialmente. El CSKA de Moscú ya fichó a otro delantero africano. El Levante reza porque alguien pague esos 25 millones antes del cierre. Y Eyong continúa mirando su teléfono cada mañana, esperando la llamada que cambiará su vida.
¿Apuesta valiente de un futbolista que conoce su valor o error de principiante que pagará caro?





