
Enrique Riquelme va a meter las manos hasta el fondo. Manu Carreño soltó anoche en ‘El Larguero’ lo que nadie esperaba escuchar a cinco días de las elecciones: el candidato opositor tiene amarrados un entrenador y dos jugadores. “Le han pedido que lo anuncie cuanto más tarde, mejor”, reveló Carreño. “Le han dicho ‘vale, pero cuanto más tarde lo diga mejor'”. La pregunta resuena inmediata: ¿quién necesita pedirle a un candidato que esconda sus cartas? Alguien con mucho que perder. O mucho que ganar.
Porque aquí no hablamos de promesas etéreas ni PowerPoints con escudos dorados. Esto es concreto. Tres nombres. Tres acuerdos. Y la sensación de que Riquelme no está jugando a presentarse. Está jugando a ganar. O al menos, a dejar claro que Florentino no es intocable.
El nombre que circula por Madrid con más insistencia es Rodri Hernández. El pivote del Manchester City, el mismo que levantó la Champions en Estambul y lleva cuatro años siendo la columna vertebral de Guardiola, entraría en un proyecto que promete sacudirlo todo. No es un fichaje fácil. No es barato. Y el City no va a regalar a su jugador más importante. Pero ahí está el detalle: si Riquelme está dispuesto a pronunciar ese nombre públicamente, es porque tiene algo más que ilusión. Según fuentes del entorno de la candidatura, las conversaciones existen. Y van en serio.
Rodri encaja perfectamente en lo que el Madrid necesita: un organizador puro, alguien que entienda el ritmo, que no pierda balones estúpidos, que sepa cuándo pisar el acelerador y cuándo no. Ancelotti lleva dos años reclamándolo en privado. Florentino lleva dos años ignorándolo en público. Ahí está la grieta que Riquelme quiere abrir de par en par.
Pero Rodri solo es un tercio del plan. El segundo fichaje sigue en el misterio absoluto, aunque en las últimas 48 horas se ha intensificado la especulación alrededor de otro nombre galáctico. No es Mbappé, que ya está. No es Haaland, que renovó. ¿Salah? ¿Wirtz? Nadie lo sabe con certeza, pero todos coinciden: será mediático. Será caro. Y será imposible de ignorar.
Y luego está el entrenador. Aquí es donde la cosa se pone verdaderamente interesante. Mientras Florentino hace guiños evidentes a Mourinho, Riquelme se mueve en otra dirección completamente distinta. Se habló de Klopp durante semanas, aunque el alemán ya anunció su año sabático. También apareció Raúl González, pero las fuentes internas del club aseguran que el entrenador del Castilla no quiere quemarse en medio de una guerra política. Lo que sí está claro es que será alguien con nombre. Alguien con carisma. Alguien capaz de vender un proyecto distinto al de Florentino sin necesidad de explicarlo dos veces.
“Cuanto más tarde lo diga mejor.” Esa frase de Carreño lo cambia todo. Porque significa que hay presión. Que hay negociación. Que hay terceros involucrados que prefieren mantener esto en la sombra hasta el último momento. ¿El City? ¿El entrenador? ¿El segundo fichaje? Quizás los tres. Quizás ninguno. Pero el hecho de que alguien le pida discreción a un candidato que necesita ruido para existir solo puede significar una cosa: hay miedo a que algo se rompa antes de tiempo.
Florentino sigue siendo el favorito aplastante. Tiene los avales, tiene la maquinaria, tiene 24 años de reinado impoluto en lo institucional y brillante en lo deportivo. Ganar cinco Champions en una década no se discute en una papeleta. Pero Riquelme no ha venido a discutir eso. Ha venido a preguntar otra cosa: ¿y si pudieras tener a Rodri, un entrenador nuevo y otro galáctico más sin necesidad de esperar cuatro años a la próxima elección?
El anuncio llegará en las próximas horas. Puede que mañana. Puede que pasado. Pero llegará. Y cuando llegue, Madrid entrará en modo bronca total. Porque una cosa es prometer. Otra muy distinta es poner nombres encima de la mesa. Y Riquelme está a punto de hacerlo.
¿Cambiarías 24 años de Florentino por Rodri, un entrenador nuevo y otro fichaje galáctico, o prefieres continuidad aunque signifique esperar hasta 2029 para volver a elegir?





