
Hay fichajes que se caen por dinero, y otros que se caen por tiempo. El de Enzo Fernández al Real Madrid tuvo un poco de ambas cosas, pero sobre todo fue una cuestión de reloj: el centrocampista esperó, esperó, y cuando dejó de esperar, ya era jugador del Manchester City.
Según revela el Diario As, el propio Enzo dejó saber a mediados de la temporada pasada que el Real Madrid era su destino preferido. No se trataba de un rumor de mercado más: el argentino tenía la intención firme de vestirse de blanco y aguantó movimientos, silencios y falta de noticias del club merengue durante meses, confiando en que la operación se activara.
Nunca se activó. El problema tuvo nombre y cifra: el Chelsea pidió 140 millones de euros por su traspaso, una cantidad que el Real Madrid nunca estuvo dispuesto a pagar. Ese muro económico, sumado a la llegada de José Mourinho al banquillo y a las dificultades para encontrar una salida en el centro del campo, dejó la operación completamente paralizada. El nombre de Enzo siguió sonando con fuerza hasta el Mundial, momento en el que el propio club emitió un comunicado desmintiendo cualquier acercamiento y descartando oficialmente el fichaje.
Lo llamativo es que, mientras el Madrid apagaba el incendio mediático, Enzo seguía esperando una llamada que no llegó. Cuando los rumores se enfriaron del todo, el centrocampista tomó su propio camino: firmó por el Manchester City. El submarino que tanto ilusionó a los madridistas terminó atracando en Mánchester.
¿Y qué hizo el Real Madrid con esa necesidad de mediocentro que seguía sobre la mesa? Se giró hacia Rodri. La opción tenía sentido futbolístico: venía de un Mundial sobresaliente y encajaba con el perfil que pedía Mourinho para reforzar esa zona del campo. Pero aquí se repitió el mismo guion: sin una salida clara en el centro del campo, la operación tampoco terminó de cuajar. Cuando esa vía también se cerró, el club decidió no forzar nada más y mantener la estructura actual, descartando el resto de alternativas que se habían estudiado.
Al final, el mercado le dejó al Madrid una sola incorporación para esa demarcación: Bernardo Silva. Un fichaje de garantías, sí, pero que llega en un verano donde el club persiguió dos objetivos de mayor perfil —Enzo primero, Rodri después— y ninguno terminó de aterrizar en el Bernabéu.
Lo curioso de esta historia no es que el Madrid fallara en el mercado, algo que le pasa a cualquier club. Lo curioso es la asimetría: un jugador que quería venir y esperó pacientemente, y un club que, pudiendo mover ficha antes, dejó que el tiempo hiciera el trabajo por él. Cuando finalmente se sentó a negociar en serio consigo mismo, ya era tarde. Enzo ya llevaba la camiseta celeste del City.





