
El subdirector de As protagonizó uno de los momentos más incómodos de la temporada cuando intentó menospreciar el legado de Robert Lewandowski en el FC Barcelona. Su argumento parecía sólido hasta que recibió una respuesta demoledora que lo dejó sin palabras ante las cámaras.
“Para ser leyenda tienes que ganar la Champions”, sentenció Roncero con contundencia cuando le preguntaron si considera al delantero polaco una figura histórica del conjunto azulgrana. La frase encendió inmediatamente el plató y desató una oleada de críticas en redes sociales.
Lo que comenzó como un intento de minimizar la trayectoria del ariete polaco terminó convirtiéndose en una lección de historia futbolística para el periodista madrileño. Porque detrás de esa afirmación se esconde la obsesión perpetua del entorno mediático más cercano al Real Madrid con la Copa de Europa.
Una visión extremadamente reduccionista donde todo el universo futbolístico gira exclusivamente alrededor de la Champions League. No importan los títulos de Liga, las actuaciones sobresalientes, el liderazgo en momentos críticos o el legado deportivo. Todo se reduce a una única competición.
Y precisamente ese discurso simplista fue su perdición.
El periodista catalán Jaume Marcet no tardó en encontrar el punto débil de la argumentación y lanzó la estocada perfecta: “¿Cuántas Champions ganó la ‘leyenda’ Juanito?”.
Silencio absoluto. Roncero quedó paralizado, sin respuesta posible. Su propio criterio acababa de volverse contra él de la manera más brutal.
Porque Antonio Gómez Pérez, conocido como Juanito, es considerado una auténtica leyenda del Real Madrid y del madridismo mundial. Un futbolista que trascendió lo deportivo para convertirse en un símbolo emocional del Santiago Bernabéu. Tanto, que aún hoy su espíritu se invoca en las grandes noches europeas del club blanco cuando las cosas se complican.
Sin embargo, Juanito jamás conquistó una Copa de Europa. Ni una sola. La contradicción quedó expuesta de manera aplastante ante millones de espectadores.
En el entorno culé señalan que este episodio demuestra perfectamente el problema del relato madridista dominante en los medios españoles. Las leyendas deportivas parecen evaluarse con criterios radicalmente diferentes según el escudo que defiendan.
Porque si el único requisito indispensable para alcanzar la categoría de leyenda fuera ganar la Champions League, tampoco podrían entrar en ese olimpo exclusivo numerosos jugadores históricos del propio Real Madrid.
La mítica Quinta del Buitre dominó España durante años con cinco Ligas consecutivas y marcó toda una época dorada en el fútbol español de los años ochenta. Pero nunca lograron conquistar la Copa de Europa. Y aun así, absolutamente nadie discute su condición legendaria dentro del madridismo ni en la historia del fútbol español.
Con Robert Lewandowski ocurre exactamente lo contrario. Se le niega sistemáticamente lo que se ha ganado a pulso sobre los terrenos de juego con goles, títulos y liderazgo. Pero así funcionan habitualmente los medios cercanos a Florentino Pérez, siempre con la misma cantinela repetitiva de las 15 Champions y el caso Negreira, especialmente cuando hay que justificar fracasos propios o desviar la atención de problemas internos.
El delantero polaco abandona el FC Barcelona dejando una huella profunda y significativa en la historia reciente del club. Ha conquistado títulos importantes, lideró al equipo en los momentos más complicados de la reconstrucción, fue ejemplo absoluto de profesionalidad y compromiso, y sus goles resultaron decisivos para devolver al Barça a la élite competitiva europea.
Pero para determinados sectores mediáticos con intereses particulares, todo eso parece no ser suficiente. Nunca lo será si vistes la camiseta azulgrana.
En Barcelona tienen absolutamente claro que Robert Lewandowski ya forma parte indiscutible de la historia del club catalán. No solo por sus espectaculares números goleadores, también por su comportamiento ejemplar dentro y fuera del terreno de juego.
Nunca generó conflictos internos en el vestuario, aceptó con madurez profesional su nuevo rol cuando dejó de ser indiscutible en el once titular y contribuyó activamente al crecimiento y desarrollo de numerosos jóvenes talentos de la cantera.
Además, llegó al Camp Nou en uno de los momentos económicos y deportivos más delicados y dramáticos de toda la historia del FC Barcelona. Y asumió sin dudarlo la responsabilidad gigantesca de liderar un proyecto ambicioso de reconstrucción total.
Su legado trasciende ampliamente cualquier título europeo y va mucho más allá de una Champions League.
Eso explica perfectamente por qué las palabras despectivas de Roncero han generado tanta indignación y hartazgo entre el barcelonismo. Porque muchos aficionados y analistas comprenden que el debate real no iba verdaderamente sobre Lewandowski ni sobre su trayectoria objetiva en el club.
El objetivo real era la necesidad mediática constante de menospreciar sistemáticamente todo lo que ocurre y se consigue fuera del Real Madrid. Una estrategia de deslegitimación permanente que caracteriza a ciertos medios deportivos españoles.
El discurso reduccionista de siempre terminó explotándole literalmente en las manos a Roncero en directo. Lo que pretendía ser una crítica contundente y definitiva contra el barcelonismo acabó transformándose en un monumental boomerang mediático que lo dejó completamente en ridículo.
Roncero intentó establecer autoritariamente quién merece o no ser considerado leyenda del fútbol… y terminó estrellándose violentamente contra la propia historia sagrada del Real Madrid.
Porque el fútbol, afortunadamente, no siempre se explica únicamente con Champions League. Existen valores, legados, comportamientos y contribuciones que trascienden los títulos europeos.
Y si alguien como Juanito puede ser eterno e intocable en el imaginario madridista sin haber conquistado jamás una Copa de Europa, quizá Robert Lewandowski también merezca ese respeto profesional y reconocimiento por absolutamente todo lo que ha representado y significado para el FC Barcelona en uno de sus períodos más complejos.
El ridículo está servido. Y esta vez, fue el propio Roncero quien se lo sirvió en bandeja de plata.





