
100 millones de euros. Esa es la cifra que el Barcelona puso sobre la mesa del Atlético de Madrid por Julián Álvarez. Una oferta en firme, sin jugadores incluidos, sin rodeos. La Araña llegó al Colchonero hace apenas un año desde el Manchester City por 95 millones y ahora el Barça quiere llevárselo antes del Mundial 2026. ¿Operación audaz o nuevo capítulo del caos económico culé?
Según reveló Fabrizio Romano, el Atlético «no está feliz por la situación». Desde el Metropolitano no ocultan su malestar: ficharon a Julián como el proyecto estrella del 2024, le blindaron con un contrato largo y ahora ven cómo el atacante argentino está dispuesto a escuchar ofertas. El delantero, concentrado con la Selección Argentina para la Copa del Mundo, no ha cerrado ninguna puerta. Desde su entorno, según fuentes cercanas al jugador, la propuesta del Camp Nou le resulta atractiva, aunque todavía no hay respuesta oficial.
El Barcelona acelera porque sabe que no está solo. PSG y Arsenal también están en la puja. El club parisino busca un nueve de jerarquía tras la salida de Mbappé, y los Gunners necesitan reforzar el ataque para competir en Premier y Champions. Laporta lo sabe: quien mueva primero, gana. Por eso este viernes, cuando los periodistas le preguntaron directamente si ficharán a Julián Álvarez en este mercado, el presidente barcelonista ignoró las cámaras y siguió de largo. Silencio estratégico.
La operación genera ruido por varios frentes. Primero, el timing: fichar a un jugador que acaba de llegar al Atlético por una cifra similar a la que pagó el club rojiblanco pone en duda la estabilidad del proyecto de Simeone. Segundo, el fair play financiero: ¿cómo puede el Barça permitirse 100 millones en efectivo cuando todavía arrastra las palancas del pasado? Tercero, la relación entre ambos clubes: históricamente cordial, pero esta oferta puede dinamitar el vínculo institucional.
La directiva del Atlético, según fuentes del Metropolitano, estudia la propuesta con frialdad. No quieren vender, pero tampoco pueden retener a un jugador que ya mira hacia otro lado. Julián Álvarez tiene 25 años, está en su mejor momento y llega al Mundial como una de las cartas fuertes de Scaloni. Su valor de mercado no hará más que subir si brilla en la Copa del Mundo. El Barça lo sabe. El Atlético también.
La cláusula de rescisión de Julián ronda los 120 millones. Los 100 que ofrece el Barcelona están por debajo, pero no demasiado lejos. En las oficinas del Metropolitano creen que si aceptan ahora, evitan el desgaste de una novela en verano. Si rechazan, arriesgan a que el jugador fuerce su salida con declaraciones públicas o un bajo rendimiento. Según fuentes cercanas a ambos clubes, las conversaciones están abiertas pero lejos de cerrarse. Todo depende de la postura final del futbolista.
El mercado de fichajes de 2025 arranca con un bombazo inesperado. Julián Álvarez, la Araña, en el centro de una guerra entre tres gigantes europeos. El Atlético resiste, el Barcelona presiona, PSG y Arsenal esperan su momento. Faltan semanas para el cierre del mercado, pero el traspaso más polémico del año ya tiene nombre y apellido.
*¿Traición al proyecto rojiblanco o simple negocio del fútbol moderno?*





