
Hay jugadores que se preparan con estadísticas y análisis tácticos. Marc Cucurella se prepara besando sus espinilleras. Cuatro besos exactos, uno por cada persona que lleva grabada en la zurda. Un gesto pequeño que esconde algo más profundo sobre quién es este lateral fuera del césped.
En un vídeo publicado en el perfil oficial de la selección española en YouTube, Cucurella explicó sin rodeos su ritual previo a cada partido: “Antes de todos los partidos me gusta dar cuatro besos a mis espinilleras, lo hago por mi familia y así siento su apoyo”. En la espinillera izquierda lleva fotos de sus tres hijos y de su pareja, Claudia. Cada beso va destinado a uno de ellos. No es un gesto improvisado, es parte de una secuencia que completa subiendo al autobús, donde comienza a concentrarse mentalmente en el rival. Si no están cerca, antes intenta hablar con sus hijos.
La música también forma parte del proceso. El propio Cucurella lo aclaró: “Escucho éxitos de España modernos, y tengo dos o tres canciones que siempre me pongo”. Un hábito que arrancó antes de la Eurocopa y que ha mantenido hasta hoy. Durante el Mundial, la presencia de su familia fue limitada: Claudia estuvo en los dos primeros partidos, pero los niños no pudieron aparecer hasta el tercer encuentro, frente a Uruguay. La relación entre Marc y Claudia viene de cuando él estaba en la cantera del Barcelona. Desde entonces han recorrido juntos Éibar, Getafe, Inglaterra y ahora Madrid.
En nuestra opinión, lo más revelador de esta historia no son los besos ni las canciones en el autobús, sino lo que dijo Claudia en una entrevista para Vanitatis: “Seguimos paseando por el pueblo, vamos con los niños a parques infantiles y al supermercado. Muchas veces la gente se sorprende cuando nos ve haciendo la compra”. Eso, para alguien que acaba de fichar por el Real Madrid tras ganar una Eurocopa y un Mundial de Clubes, dice bastante. Cucurella ha alcanzado la cima de su posición y, al parecer, no ha necesitado cambiar su forma de vivir para confirmarlo.
Lo interesante aquí no es el ritual en sí, que cada jugador tiene los suyos, sino que Cucurella lo hace público sin pretensión. No busca construir una imagen, simplemente describe lo que hace. En un fútbol donde la gestión de marca personal se ha convertido en una industria paralela, esa naturalidad tiene un valor propio.
¿Es este perfil el que esperabas de uno de los laterales zurdos más importantes del mundo en este momento?





