
Karim Benzema acaba de romper su silencio desde Arabia. Una historia de Instagram —él con Florentino en la gala del Balón de Oro— y el mensaje estaba claro. Tres años después de salir del Madrid, el francés elige este momento exacto para posicionarse. Justo cuando Enrique Riquelme intenta convencer a los socios de que Florentino ha perdido el norte.
La foto no tiene texto. No hace falta. Benzema abraza a Florentino en París, noche de gloria, momento cumbre. La sube ahora, en mitad de la campaña más tensa que ha vivido el presidente en años. Las redes explotan en minutos. Los madridistas aplauden la lealtad del Nueve. Pero otros se preguntan: ¿casualidad o estrategia? Porque Benzema nunca ha sido de gestos públicos sin motivo.
Según fuentes cercanas al entorno del delantero, la admiración es real y antigua. Viene de antes incluso de fichar por el Madrid. Florentino era el presidente que trajo a Zidane, su ídolo. El que construyó la primera era galáctica. Cuando fue a buscarlo a Lyon en 2009, Benzema ya sabía que ese hombre no era un presidente cualquiera. Luego vinieron catorce años de defensa incondicional. Florentino siempre le protegió cuando la prensa española le crucificaba. Siempre confió. Incluso en las peores rachas, cuando medio Bernabéu pedía su cabeza. Eso no se olvida.
Pero el timing del gesto tiene otra lectura. Riquelme lleva semanas martilleando el mismo mensaje: “Florentino está convirtiendo el Madrid en una empresa, no en un club de socios”. Acusa al presidente de traicionar la esencia. De priorizar el negocio sobre la identidad. De alejar al Madrid de su gente. Y ahora aparece Benzema, leyenda viva, Balón de Oro, campeón de todo, diciendo sin palabras: yo estoy con Florentino.
El problema para Riquelme es que no está solo. Benzema es solo el último. Antes han aparecido otros nombres. Ramos, Modric, Kroos… todos han dejado caer alguna frase, algún gesto, algún guiño. Nadie ha salido a defender a Riquelme. Nadie. Y eso, en una campaña electoral, pesa como una losa. Porque si las leyendas del club —las que ganaron cinco Champions— respaldan a Florentino, ¿qué argumento le queda al rival?
Las encuestas ya lo dan por ganador. Todas. Pero Florentino no se confía. Sabe que Riquelme ha tocado un nervio sensible: el miedo de los socios a perder el control del club. Por eso insiste una y otra vez en lo mismo: “El Madrid será siempre de los socios”. Repite la frase en cada acto, en cada entrevista, en cada conversación privada. Porque sabe que ahí está la batalla real. No en los títulos, no en el modelo económico. Ahí.
Riquelme tiene poco tiempo y menos nombre. Su proyecto suena bien en teoría, pero nadie sabe quién es realmente. No ha estado en las entrañas del club. No ha gestionado crisis. No ha negociado con jeques ni con la UEFA. Florentino sí. Y además tiene un palmarés que aplasta: catorce años de esta segunda era, seis Champions, la Decimocuarta todavía fresca. ¿Cómo compites contra eso?
La guerra electoral del Madrid nunca es solo sobre votos. Es sobre símbolos. Sobre quién representa mejor la grandeza del club. Y Benzema acaba de enviar un símbolo muy claro desde el desierto. Un abrazo con Florentino vale más que mil mítines de Riquelme.
¿Benzema actuó por agradecimiento personal o porque sabe que solo Florentino puede mantener al Madrid en la cima?





