Amarillo, buen partido y aun así fuera: la única regla que sí aplica a Güler

Amarillo, buen partido y aun así fuera: la única regla que sí aplica a Güler

Hay una foto que el Real Madrid-Betis dejó y que ninguna rueda de prensa logra borrar. Arda Güler, el futbolista que más ocasiones había creado esa tarde (siete) y más balones había recuperado (cinco), salió del campo. Mbappé, Vinícius y Bellingham, muy lejos de su mejor nivel, se quedaron dentro.

Mourinho tiene una explicación técnica y no carece de lógica: el turco arrastraba una amarilla y el entrenador temía que el Betis fuera a buscar la segunda amonestación. El propio portugués admitió después que fue una decisión incómoda porque Güler estaba jugando muy bien. Hasta ahí, todo razonable.

El problema aparece cuando se mira el resto del campo. Mbappé cerró la noche fallando un penalti en el descuento. Vinícius participó en la jugada que originó esa pena máxima sin ofrecer tampoco su mejor versión. Bellingham anduvo muy por debajo de lo mostrado en las primeras jornadas. El resultado final, 1-0 para el Betis, dejó al Madrid sin su pleno de victorias. Y aun así, ninguno de los tres salió del campo.

No es un caso aislado. Ante el Espanyol ya había pasado algo parecido: Güler fue retirado tras una hora de partido, con el Madrid necesitando un gol, después de haber sido el motor ofensivo del equipo. Dos partidos, mismo patrón: cuando Mourinho necesita una pieza sacrificable, el nombre que aparece primero en la lista es el del turco.

A esto se suma otro actor incómodo: Diomande, el central marfileño por el que el club pagó 125 millones de euros fijos más variables. Una inversión de ese calibre exige minutos como titular tarde o temprano, y ahora mismo el que ocupa ese hueco en el ataque es precisamente Güler. El turco no solo compite contra las tres estrellas intocables; también empieza a sentir el aliento de un fichaje carísimo que reclama protagonismo.

Mourinho puede argumentar, con razón, que cada sustitución responde a una circunstancia puntual. Pero un entrenador no construye jerarquías con declaraciones, sino con decisiones repetidas. Y la decisión repetida, hasta ahora, siempre ha llevado el mismo apellido.

La temporada apenas arranca y esta podría convertirse en la primera gran prueba de autoridad para el técnico portugués. Ya vimos qué le pasó a Xabi Alonso cuando dejó que este tipo de conflicto se enquistara en el vestuario: acabó pagándolo con su destitución. Mourinho todavía tiene margen para demostrar que su meritocracia no reconoce intocables. La pregunta es si se atreverá a aplicarla también a Mbappé, Vinícius y Bellingham cuando de verdad haga falta.

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