
El 0-5 en Mestalla ya es historia por el marcador, pero lo que quedó flotando en el ambiente no fueron los goles de Lamine Yamal ni el estreno goleador de Pedri. Fue un nombre que hace apenas un año sonaba en la órbita del Real Madrid: Rodrigo Hernández.
El centrocampista madrileño disputó su primera titularidad como jugador del Barça y bastó poco más de una hora de fútbol para dejar una sensación clara: esto es una liga aparte. Recién operado y todavía en fase de pretemporada personal, Rodri no necesitó más de sesenta minutos para imponer su lectura del juego, dominar los tiempos del partido y convertirse en el metrónomo de la salida de balón azulgrana.
El dato que circula estos días no tiene que ver con estadísticas, sino con una comparación directa. Mientras el Barça construye su juego desde atrás con un trío de garantías —Rodri, Pedri y hasta el canterano Marc Bernal—, el Real Madrid de Mourinho sigue apoyándose en perfiles que no terminan de ofrecer esa salida limpia: Tchouaméni, Valverde o Camavinga cumplen, pero no destacan en esa faceta concreta del juego. La diferencia, dicen en el entorno culé, es abismal.
Y ahí está la ironía que nadie olvida: Rodri pudo haber sido blanco. El interés del Madrid existió, pero nunca llegó a materializarse con la contundencia necesaria. Hoy, mientras el capitán de la selección española en el último Mundial ya luce de azulgrana, en el Bernabéu siguen buscando ese perfil de mediocentro organizador que no han logrado encontrar.
Más allá del debate entre rivales, los números del Barça hablan por sí solos. Con este triunfo en Valencia, el equipo de Hansi Flick suma cuatro victorias en cuatro jornadas, 12 de 12 puntos posibles, 17 goles a favor y apenas 2 en contra. Es el líder ofensivo y defensivo de LaLiga simultáneamente, algo que no se ve todas las temporadas.
En Mestalla hubo además protagonismo propio: doblete de Lamine Yamal —con un tercer gol anulado por un fuera de juego milimétrico—, otro tanto de Fermín y la contribución de Raphinha, que sigue sumando en cada partido. Pero la conversación post-partido giró en torno a Rodri, síntoma de que su llegada no es un fichaje más, sino una pieza que redefine el techo competitivo del equipo.
Con la Liga bajo control y encaminada hacia un tercer título consecutivo, el Barça ya mira al frente: el debut europeo en casa frente al Feyenoord marca la siguiente parada de un equipo que, de momento, no encuentra rival.





