
La derrota del Real Madrid en La Cartuja dejó más que un resultado adverso: abrió una grieta en el discurso de José Mourinho sobre la prioridad del colectivo. El cambio de Arda Güler fue el detonante. El técnico portugués justificó la sustitución por la tarjeta amarilla que el turco había recibido, alegando riesgo de expulsión ante un Betis que apretaba con fuerza, incluso con una acción polémica en la que Pellegrini y los suyos reclamaron la segunda amonestación.
Sin embargo, no todos compran esa explicación. Iñaki Angulo, en la transmisión que realiza para su canal de YouTube tras cada jornada, fue tajante: Mourinho no quitó a Arda Güler contra el Betis por tener tarjeta. Lo hace porque no se atreve a sentar a Mbappé, Vinicius y Bellingham.
La lectura del comunicador apunta directamente a la gestión de los nombres que sostienen el proyecto blanco. Mientras Güler abandonaba el campo tras haber sido de los futbolistas más activos en la construcción del juego madridista, los tres considerados intocables permanecían en el terreno pese a no atravesar su mejor noche. Bellingham desapareció de las zonas de decisión, Vinicius no logró desbordar con su habitual electricidad y Mbappé, encima, falló el penalti que pudo haber evitado la derrota en el tiempo añadido.
Ese contraste es precisamente lo que alimenta la crítica. Angulo no niega que la amarilla existiera, pero considera que funcionó como excusa perfecta para no tomar una decisión más incómoda: retirar a alguno de los tres grandes nombres del vestuario. La salida de Güler, en cambio, resultó menos costosa políticamente, aunque desde el punto de vista futbolístico privó al equipo de su principal generador de fútbol asociativo entre líneas.
Sin ese perfil en el campo, el Real Madrid terminó apostando por un juego más directo, dependiendo casi en exclusiva de las individualidades de Vinicius y Mbappé para forzar el empate. No fue suficiente: Álvaro Valles se mantuvo firme bajo los tres palos y el marcador no se movió.
Mourinho ha repetido desde su llegada al banquillo que ningún futbolista está por encima del equipo. La primera derrota de la temporada, sin embargo, plantea la primera gran prueba de ese discurso. La pregunta que empieza a circular entre la afición y los analistas es evidente: si Mbappé, Vinicius y Bellingham atraviesan otra noche gris, ¿tendrá el técnico el valor de sentarlos, o seguirá recurriendo a otros nombres para evitar tocar a los verdaderos intocables del vestuario?





