
La derrota del Real Madrid ante el Betis en La Cartuja ha destapado un problema que llevaba semanas disimulado bajo los resultados. Vinicius Júnior firmó su cuarta actuación consecutiva de bajo nivel en Liga, y esta vez no hubo victoria que lo tapara.
El periodista de ABC Rubén Cañizares fue el encargado de poner palabras a lo que muchos aficionados venían intuyendo. En una publicación en X, escribió: “Vinicius lleva cuatro partidos al nivel de los últimos meses: muy malos. No sorprende a nadie. Las victorias con Mourinho lo habían tapado todo hasta ahora”.
La frase resume bien lo ocurrido. Real Madrid arrancó la temporada con tres triunfos seguidos, nueve puntos que permitieron a Mourinho seguir instalando su modelo de juego sin que nadie mirara con lupa el rendimiento individual de sus estrellas. Pero el fútbol tiene esa costumbre cruel de exponer las carencias justo cuando el marcador deja de acompañar.
Contra el Betis, Vinicius volvió a chocar una y otra vez contra Bellerín. El lateral bético leyó casi todos sus intentos de desborde y el extremo brasileño no logró generar la superioridad que históricamente lo define cuando recibe por la izquierda. Faltó chispa, faltó esa versión atrevida capaz de romper líneas defensivas con un simple cambio de ritmo.
Lo curioso es que, pese a ese partido gris, Vinicius sí apareció en los dos momentos que pudieron cambiar la historia del encuentro. Suya fue la asistencia para el gol de Carlos Espí, anulado después por fuera de juego, y también provocó el penalti que Mbappé no logró convertir. Dos destellos que maquillan parcialmente la actuación, pero que no alcanzan para desmontar el diagnóstico de Cañizares: el problema no es puntual, viene arrastrándose desde hace meses.
Aquí está la clave de todo: mientras el equipo ganaba, nadie se detenía a analizar si Vinicius estaba realmente bien o simplemente flotando sobre el rendimiento colectivo. La derrota en Sevilla actuó como un test de ácido. Sin resultado positivo que lo disimule, la lupa cae directamente sobre él.
Mourinho enfrenta ahora una decisión incómoda. El técnico portugués ha repetido desde su llegada que el equipo está por encima de cualquier nombre propio, y esa filosofía alcanza también a Vinicius, Mbappé o Bellingham. Ninguno tiene el once asegurado si el nivel no acompaña.
No se trata de un cambio drástico inmediato, pero sí de un aviso serio. Vinicius sigue siendo, en su mejor versión, uno de los futbolistas más desequilibrantes de Europa. El problema es que esa versión lleva cuatro jornadas desaparecida, y ya no hay victorias que sirvan de cortina.





