
El Real Madrid ganó, pero Tomás Roncero no está del todo tranquilo. El periodista analizó el triunfo blanco ante el Inter y puso el dedo en una llaga que muchos pasarán por alto entre los festejos: el equipo desperdició una cantidad alarmante de ocasiones claras que pudieron convertir el partido en un paseo.
Los dos primeros goles del Madrid llegaron por errores propios del Inter, no por mérito ofensivo puro. Y ahí está el problema que señala Roncero: con el rival regalando situaciones y el equipo generando además las suyas propias, el marcador debió ser mucho más abultado. “Brahim, Bellingham y Mbappé han fallado goles muy claros, el Madrid no puede tener ocho ocasiones muy claras y meter solo dos”, disparó el comunicador, dejando claro que no habla de opciones remotas, sino de jugadas con el gol prácticamente hecho.
La más clara de todas fue de Bellingham. Brahim había protagonizado una jugada individual notable, desbordando a varios defensores que ni siquiera pudieron pararlo con falta, para después poner un centro por encima del portero. El balón le quedó algo atrás al inglés, que en vez de rematar de primera con la cabeza, decidió controlar y luego disparar. Ese instante de más le devolvió la vida al arquero rival, que recompuso su posición y sacó el balón. Ahí se esfumó el que pudo ser el tercero.
Pero no fue la única. Brahim tuvo otra clarísima y remató desviado sin percatarse de que Vinicius y el propio Bellingham quedaban completamente solos, en una decisión que también generó dudas. Mbappé, por su parte, encontró un hueco por velocidad pura, ganándole la carrera a su marcador y llegando con ventaja al área. El portero achicó ángulo saliendo de portería, y el francés, en lugar de arriesgar con un recorte, prefirió esperar el apoyo de un compañero. La duda le costó la ocasión.
El resultado de fallar tanto tuvo consecuencias inmediatas: el Inter, lejos de rendirse, recortó distancias con el gol de Augusto para el 2-1, metiendo miedo en un Bernabéu que esperaba sentencia y se encontró con sufrimiento. Es la vieja ley del fútbol que el Madrid conoce de sobra: el gol que no entra, tarde o temprano se paga. Con Champions de por medio y rivales que no perdonarán tantas licencias, la efectividad de arriba será un examen que este equipo no puede seguir aplazando.





