Piqué cita a Mijatović y Ramos, pero omite el nombre que más pesa: Negreira

Piqué cita a Mijatović y Ramos, pero omite el nombre que más pesa: Negreira

Gerard Piqué no puede quedarse callado cuando alguien menciona la palabra árbitros junto al escudo del Barça. Esta vez el detonante fue un comentario en TikTok: un usuario escribió que solo hay una forma de que gane el Barça y ya la conocemos, en clara referencia a supuestos favores arbitrales. El excentral respondió con su ironía habitual, pero terminó abriendo una discusión que él mismo no puede ganar del todo.

Su primera respuesta fue defender la historia culé por méritos propios. Sí, solo hay una forma de que gane el Barça y es jugando muy bien al fútbol, escribió. Por eso somos reconocidos. Añadió que el club ha ganado muchas Ligas, muchas Champions y varios tripletes jugando bien, sin necesidad de ayudas externas.

Pero Piqué no se conformó con defenderse. Decidió atacar, y lo hizo con memoria selectiva. Recordó la final de Champions entre Real Madrid y Juventus, señalando el gol de Predrag Mijatović como una acción ilegal. Después fue por más: mencionó la final de 2014 en Lisboa ante el Atlético de Madrid y apuntó directamente al gol de Sergio Ramos, que según él estaba en fuera de juego. Dos ejemplos históricos, dos heridas viejas del madridismo, servidos con precisión quirúrgica.

Y entonces llegó la frase que todos estaban esperando: errores arbitrales hay muchos, pero normalmente e históricamente siempre han ido un poquito más a favor del Real Madrid. Ahí está el verdadero dardo, disfrazado de análisis histórico.

Lo llamativo es lo que Piqué elige no decir. En medio de una respuesta construida enteramente sobre arbitrajes polémicos, el catalán evita cualquier mención al caso Negreira, el escándalo que salpica al propio Barcelona por los pagos millonarios al exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros durante casi dos décadas. Hablar de fuera de juego de hace diez o veinte años es cómodo. Hablar de lo que su propio club investiga la justicia española ahora mismo, no tanto.

Esa asimetría es la que convierte su respuesta en algo más que una simple pulla de rivalidad. Piqué juega el partido que le conviene: el de las anécdotas puntuales de partidos ya cerrados, donde puede señalar sin que le señalen de vuelta. Cierra, eso sí, con un gesto de cordialidad que suena más a burla calculada que a paz: espero que esté todo bien, un fuerte abrazo y a disfrutar del día.

El mensaje no pasó desapercibido. Y confirma algo que el madridismo y el culé ya sabían: Piqué, aunque retirado, sigue siendo uno de los rostros más activos de esta rivalidad eterna, aunque su versión de la historia tenga capítulos que prefiere no abrir.

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