
Eric Batista Goes salió a hablar y encendió la ilusión: su hijo Rodrygo podría reaparecer antes de lo previsto. Pero conviene mirar esta noticia con cierta cautela, porque entre el deseo de un padre y la realidad de una recuperación deportiva suele haber una distancia considerable.
El delantero brasileño sigue entrenando en Madrid, enfocado en superar la lesión de rodilla que arrastra desde la temporada pasada. El plan original apuntaba a febrero como fecha de regreso, pero su padre fue tajante en El Chiringuito: “La relación con Mourinho es muy especial, como con todos. Rodrygo volverá en el momento importante y será importante, como siempre. ¿El regreso en febrero? No, esto antes, yo creo que antes”.
El problema es que ese pronóstico no viene respaldado por ningún parte médico oficial ni por declaraciones del cuerpo técnico. Es la opinión de un padre, comprensiblemente ansioso por ver a su hijo de vuelta, pero no necesariamente el reflejo de la evolución clínica real. En el historial reciente del Real Madrid hay ejemplos que invitan a la prudencia: Falcao vivió un calvario cuando quiso acelerar tiempos tras su lesión de rodilla, y Militao también sufrió contratiempos al intentar recortar plazos de recuperación. No es un tema menor, especialmente en una articulación tan sensible.
Lo cierto es que el propio club maneja un escenario más conservador: la posibilidad de que Rodrygo se reincorpore al trabajo grupal en enero, siempre condicionado a cómo respondan las próximas semanas. No hay fecha cerrada, y todo indica que el Real Madrid preferirá pecar de cauto antes que arriesgar una recaída que complique aún más el futuro del brasileño.
Rodrygo sigue siendo un futbolista decisivo cuando está fino: su capacidad para desequilibrar, su calidad técnica y su instinto en los momentos importantes son innegociables para el esquema de Mourinho. Pero precisamente por eso, apresurar su vuelta sería un error mayúsculo. El objetivo no debería ser ganarle una semana al calendario, sino asegurarse de que cuando el número 11 reaparezca, lo haga con garantías físicas reales y no como un futbolista a medio recuperar.
La ilusión familiar es comprensible. Pero en estos casos, el calendario lo marca la rodilla, no el corazón de un padre.





