
El Real Madrid venció al Inter de Milán con bajas importantes en el centro del campo, un triunfo que Mourinho tuvo que fabricar casi de la nada, según describió Jorge D’Alessandro en El Chiringuito. Pero lo que encendió al entrenador argentino no fue el partido en sí, sino lo que vino después: una ola de críticas que, a su juicio, no tenía ninguna justificación deportiva.
D’Alessandro no se guardó nada. Habló de una campaña antimadridista organizada, con periodistas que llevan tiempo intentando influir en las decisiones internas del club. Y puso nombres propios de la polémica: Vinicius y Valverde, dos jugadores que, según él, ciertos sectores de la prensa querían ver fuera del vestuario blanco.
La ironía, remarcó el entrenador, es que la respuesta de Florentino Pérez fue exactamente la contraria a lo que esa prensa esperaba. Mientras se buscaba la salida de ambos futbolistas, el presidente les renovó: diez años a Vinicius y cinco a Valverde, este último ya como capitán del equipo. Para D’Alessandro, ese dato por sí solo desmonta la narrativa que se ha construido alrededor del vestuario madridista.
El argentino fue más allá al señalar que existe un grupo de periodistas que no está dispuesto a aceptar que sus batallas mediáticas contra el club se han perdido. Habló de vanidad periodística, de gente que no acepta la derrota y que necesita encontrar chivos expiatorios cuando sus predicciones o presiones no se cumplen. Su diagnóstico fue tajante: hay quienes quieren decidir el equipo desde un micrófono, y eso, remató, no puede ser.
Este episodio se entiende mejor si se mira el contexto más amplio. Florentino Pérez lleva meses denunciando lo que él mismo llama una corriente de opinión en contra del club y de su persona, una tesis que expuso con dureza en mayo de 2026 al convocar elecciones. En aquella comparecencia llegó a mencionar directamente a figuras como José María García, Santiago Segurola, Alfredo Relaño o Juanma Castaño, y cargó con especial dureza contra el diario ABC por informaciones sobre su salud.
Lo llamativo es que este discurso no es nuevo: el propio presidente ha contado que ya en el año 2000, en su primera etapa al frente del club, tuvo que lidiar con el poder de ciertos periodistas deportivos. Desde entonces ha repetido una misma idea como bandera: en el Real Madrid mandan los socios, no la prensa.
La salida de D’Alessandro en televisión no es un exabrupto aislado, sino la enésima muestra de una tensión que atraviesa toda la relación entre el club y una parte del periodismo español. Y las renovaciones de Vinicius y Valverde, en ese sentido, se han convertido en munición para quienes defienden a Florentino: la prueba de que el presidente terminó por imponer su criterio pese a la presión externa.





