
La convocatoria de Luis de la Fuente para el Mundial 2026 ha dejado una paradoja estadística que ningún análisis oficial ha querido abordar de frente. Mientras Dani Carvajal, con 1.085 minutos disputados esta temporada, quedó fuera de la lista por su falta de continuidad, jugadores como Gavi y Mikel Merino, ambos con menos participación y periodos de lesión más prolongados, sí obtuvieron su boleto para Estados Unidos, México y Canadá. El periodista Edu Pidal lo expresó con contundencia en Radioestadio Noche: si el lateral madridista hubiera sumado entre 10 y 12 partidos más en los últimos dos meses, habría viajado al Mundial por delante de Pedro Porro. La afirmación no solo desnuda una gestión desigual de los criterios físicos, sino que coloca al lateral del Tottenham en el centro de una polémica que no buscó pero de la que se beneficia directamente.
La temporada de Carvajal estuvo marcada por las lesiones, una realidad que el propio De la Fuente utilizó como argumento para justificar su ausencia. A sus 34 años, el madridista no pudo mantener la regularidad de antaño y eso pesó en la decisión final del seleccionador. Sin embargo, la cifra de 1.085 minutos no resulta despreciable si se compara con otros convocados. Gavi, por ejemplo, regresó hace apenas unas semanas tras casi un año fuera por rotura de ligamento cruzado, mientras que Merino tampoco ha sido titular indiscutible en el Arsenal durante la segunda mitad de la campaña. Ambos entraron en la lista definitiva sin que su falta de ritmo competitivo representara un obstáculo insalvable, algo que sí ocurrió con Carvajal.
El contraste se vuelve aún más evidente cuando se revisa el historial de convocatorias. En anteriores procesos, De la Fuente había mostrado una predilección clara por convocar a jugadores con trayectoria en la selección, incluso cuando su estado físico no era óptimo. Carvajal encajaba perfectamente en ese perfil: capitán de la Roja en la Eurocopa, jugador con más de 50 partidos internacionales y una carrera impecable en el Real Madrid. Pidal insistió en que el seleccionador estaba como loco por convocar a uno de los capitanes, pero la falta de minutos recientes terminó por inclinar la balanza. ¿Por qué entonces ese criterio no se aplicó de forma homogénea con Gavi o Merino, cuyas participaciones fueron igualmente limitadas o incluso inexistentes durante largos tramos de la temporada?
La respuesta, según diversas fuentes periodísticas españolas, apunta a una valoración subjetiva del perfil de cada jugador. Gavi representa juventud y proyección futura; Merino aporta polivalencia táctica en una zona donde España tiene menos recambios naturales. Carvajal, en cambio, competía directamente con Pedro Porro y Marcos Llorente, dos laterales en plenitud física y con continuidad en sus clubes. La decisión final no solo excluyó al madridista, sino que consolidó a Porro como titular indiscutible en el costado derecho. El extremeño, que venía de una excelente temporada en el Tottenham, se benefició de un contexto en el que los minutos jugados sí pesaron para unos, pero no para otros.
La gestión de De la Fuente también expone una contradicción estructural en su discurso. En rueda de prensa, el seleccionador afirmó que no mira la procedencia de ningún jugador, solo si tiene posibilidad de jugar con nosotros. Sin embargo, la exclusión total de futbolistas del Real Madrid, algo inédito en la historia de los Mundiales con España, sugiere que otros factores también intervinieron en la conformación de la lista. Carvajal no solo perdió su lugar por los minutos; también fue víctima de una temporada colectiva desastrosa del Madrid y de un criterio selectivo que premió la continuidad en algunos casos y la ignoró en otros. Porro, sin quererlo, heredó un puesto que en otras circunstancias habría tenido dueño.
El impacto de esta decisión trasciende lo meramente deportivo. Carvajal se despidió del Santiago Bernabéu en el último partido de Liga ante el Athletic Club con la posibilidad latente de que fuera su último encuentro como profesional. No recibir la convocatoria para el Mundial representa un cierre amargo para una carrera impecable, sobre todo considerando que jugadores con menos minutos y mayor tiempo de inactividad sí lograron entrar. Porro, por su parte, afronta la cita mundialista como titular indiscutible, pero con la sombra de haber ocupado un lugar que muchos consideran que debió ser de Carvajal si los criterios se hubieran aplicado de forma equitativa.
La polémica pone sobre la mesa un debate más amplio sobre la transparencia en los procesos de selección. ¿Debe un seleccionador aplicar los mismos parámetros físicos y de continuidad a todos los jugadores, o tiene derecho a valorar cada caso de forma individual según el contexto táctico y generacional? La respuesta no es sencilla, pero lo que resulta innegable es que la exclusión de Carvajal frente a la inclusión de Gavi y Merino genera una percepción de arbitrariedad que daña la credibilidad del proceso. España acude al Mundial con un equipo competitivo, pero también con la sensación de que algunas ausencias responden más a criterios difusos que a una evaluación objetiva del rendimiento.
¿Habría cambiado algo si Carvajal hubiera disputado esos 10 o 12 partidos adicionales que Pidal menciona? Probablemente sí, pero esa posibilidad nunca se materializó. Ahora, el lateral madridista observará el Mundial desde casa mientras Pedro Porro defiende la camiseta española con la tranquilidad de quien llegó en el momento justo, pero también con el peso de saber que su presencia se explica, en parte, por una gestión selectiva de las lesiones que benefició a unos y penalizó a otros. La historia recordará esta convocatoria como la primera sin jugadores del Real Madrid, pero también como aquella en la que los minutos importaron solo cuando el seleccionador decidió que debían importar.





