
Pep Guardiola sorprendió al mundo del fútbol con unas declaraciones contundentes sobre la Champions League y su impacto en los proyectos deportivos, usando al Barcelona actual como ejemplo de lo que no quisiera ver truncado por la exigencia de la máxima competición europea.
El ex técnico del Manchester City habló sin filtros a la salida de la inauguración de una Cruyff Court organizada por la Fundación Cruyff en Manresa, evento vinculado al legado del histórico Johan Cruyff. En ese marco, Guardiola no dudó en expresar su admiración por el trabajo que está realizando Hansi Flick al frente del conjunto azulgrana.
«Ya sea con jugadores de La Masia o con otros llegados de fuera, Barcelona lleva dos años extraordinarios, más allá de los resultados obtenidos. Soy muy fan de Hansi Flick. Es muy atractivo ver jugar a este equipo y ojalá sigan así durante muchos años», afirmó el técnico catalán, dejando claro su entusiasmo por el estilo de juego desplegado por el equipo.
Sin embargo, el tono optimista derivó rápidamente hacia una reflexión crítica sobre la Champions League y el peso desmedido que, en su opinión, se le otorga a esta competición a la hora de evaluar el éxito o el fracaso de un proyecto deportivo.
«La Champions League destroza proyectos; espero que no sea el caso del Barcelona. La Liga es la que te da consistencia. En la Champions es muy importante llegar bien al tramo final, sin lesionados, y teniendo en cuenta que la influencia de los árbitros en esta competición es grandiosa», señaló Guardiola con firmeza.
El entrenador fue más allá y pidió cambiar el criterio con el que se mide una temporada: «Lo importante es seguir creciendo en el día a día y no pensar que, por no llegar a la final o no ganarla, ha sido una mala temporada. El baremo son las Ligas». Una postura que, en el contexto actual del fútbol, resulta llamativa dado el protagonismo absoluto que la Champions ocupa en la agenda mediática y en las prioridades de los grandes clubes europeos.
Las palabras de Guardiola adquieren un peso adicional si se tiene en cuenta que el Barcelona no conquista la UEFA Champions League desde 2015, una sequía de una década que genera presión constante sobre el club y sus responsables técnicos. Esa misma presión es la que el técnico de Santpedor teme que pueda interrumpir el ciclo positivo que vive actualmente el equipo bajo las órdenes de Flick.
Desde una perspectiva táctica y de gestión deportiva, el argumento de Guardiola tiene respaldo en la historia reciente: varios clubes europeos han sacrificado la coherencia de sus proyectos a largo plazo en busca de un título continental que no siempre llega. La irregularidad propia de un torneo de eliminación directa, sumada a factores como las lesiones o las decisiones arbitrales —elementos señalados explícitamente por Guardiola—, convierten a la Champions en una competición de alto riesgo para cualquier modelo de juego, por sólido que sea.
El mensaje del ex técnico del Barça, Bayern Múnich y City parece dirigido tanto a la afición azulgrana como a la dirección deportiva del club: que el verdadero termómetro del progreso no debe ser la Copa de Europa, sino la regularidad demostrada semana a semana en la Liga.
*Las declaraciones de Pep Guardiola fueron recogidas a la salida de un acto público de la Fundación Cruyff en Manresa y no forman parte de una rueda de prensa oficial.*





