
Real Madrid ganó 2-1 al Inter de Milán en el estreno de la Champions League, pero el ambiente en el Bernabéu tuvo un ingrediente extra: los silbidos de la grada hacia dos de sus estrellas, Vinícius Júnior y Kylian Mbappé. Y fue precisamente en ese contexto donde José Mourinho dejó la imagen más comentada de la noche.
Cuando el técnico portugués decidió sustituir a Mbappé, en medio de los abucheos del público, se acercó al francés y le dio un beso. Un gesto que no pasó desapercibido y que Mourinho se encargó de explicar después en rueda de prensa: “Para mí significa respeto por el trabajo que ha hecho para el equipo”.
Sobre las reacciones de la afición, el entrenador fue tajante y evitó entrar en cualquier tipo de polémica: “No comento las reacciones del público. No lo haré hasta mi último día aquí”. Una frase que suena a línea roja personal, casi a norma de convivencia con el madridismo, sabiendo lo exigente que puede ser el entorno. Como él mismo resumió, “el Real Madrid tiene otro tipo de exigencia”.
El otro nombre señalado por la grada fue Vinícius, que tampoco atraviesa su mejor momento. Mourinho no esquivó la realidad, pero sí decidió poner el acento en otro lugar: “No está a tope”, admitió, aunque remarcó el esfuerzo del brasileño tanto en entrenamientos como en el juego colectivo, incluso en tareas defensivas. Su frase resume bien la filosofía con la que protege a su futbolista: “Quien lo da todo no está obligado a dar más”. Y fue más allá con una promesa que suena a apuesta de futuro: “Ya llegará el momento en el que decida y gane partidos”.
Más allá de las individualidades, el propio Mourinho no quedó conforme con el nivel colectivo mostrado ante el Inter. Definió el choque sin rodeos: “Un partido loco, una locura que no me gusta”. Y dejó un dato que explica gran parte del resultado: Thibaut Courtois fue, según él, el verdadero héroe de la noche, muy por encima del premiado Fede Valverde. “El que ha decidido el mejor jugador en el campo estaba durmiendo, porque era Courtois, con todo el respeto a Valverde”, bromeó.
Sobre el gol del uruguayo, producto de una presión alta que forzó el error del portero Josep Martínez, Mourinho fue claro en quitarle el componente de suerte: “El gol de Valverde no es una casualidad, es una gran interpretación de Fede de la estrategia que teníamos”.
El resultado deja al Real Madrid con tres puntos en el bolsillo, pero con varios frentes abiertos: un vestuario señalado por su propia gente, un rendimiento colectivo mejorable y un entrenador que elige, por ahora, blindar a sus estrellas antes que exponerlas.





