Courtois admite que el 2:1 del Bernabéu pudo terminar 4:4

Courtois admite que el 2:1 del Bernabéu pudo terminar 4:4

El Real Madrid ganó, pero nadie en el vestuario salió celebrando como si hubiera sido una noche perfecta. El 2:1 ante el Inter de Milán en la primera jornada de la Champions League dejó una victoria válida en el marcador, aunque con una sensación extraña flotando en las declaraciones posteriores: la de un equipo que ganó a pesar de sí mismo.

El dato que mejor resume la noche no lo dio un cronista, sino el propio portero. Thibaut Courtois, autor de varias intervenciones decisivas, fue quien puso el marco real al partido: reconoció que el duelo bien pudo haber terminado 4:4. No 2:1. No un resultado cómodo. Un empate a cuatro goles, con todo lo que eso implica sobre cuántas ocasiones claras concedió el Real Madrid en su propia casa.

Federico Valverde, elegido jugador del partido tras anotar el segundo gol, fue todavía más directo en el diagnóstico. Habló de una gran primera parte seguida de un bajón notable después del descanso. Su frase clave fue clara: eso no puede volver a pasar, mucho menos jugando en el Bernabéu. Para el uruguayo, el problema no fue de actitud sino de gestión: el equipo perdió la calma con el balón, aceleró de más y regaló transiciones al Inter una y otra vez.

Lo interesante es que ni siquiera Mourinho, técnico habitualmente medido en sus lecturas tácticas, intentó vender el partido como un ejercicio de control. Al contrario: lo llamó directamente una locura, y llegó a decir que el resultado pudo haber sido 7:6. Esa cifra, exagerada a propósito, funciona como confesión: el Real Madrid ganó un partido que en cualquier otro día pudo perder.

Hay algo revelador en que las tres voces —el defensor que más trabajó, el centrocampista más determinante y el propio entrenador— coincidan en el mismo diagnóstico sin necesidad de ponerse de acuerdo antes de hablar con la prensa. Cuando el arquero, el goleador y el técnico describen el mismo partido como un intercambio de golpes casi descontrolado, no es casualidad ni humildad de vestuario. Es una señal de que algo estructural falló en la fase defensiva tras el descanso, más allá de la individualidad del rival.

Mbappé, en cambio, eligió no entrar en ese análisis. Prefirió mirar hacia el objetivo mayor: dejó claro que ganar la Champions League con el Real Madrid le importa más que cualquier Balón de Oro personal. Una declaración de intenciones que contrasta con el tono autocrítico del resto del equipo, y que probablemente sea la línea oficial que el club querrá proyectar de cara a la temporada.

La pregunta que queda flotando es simple: si esto pasó contra un rival de la talla del Inter en el propio Bernabéu, ¿qué ocurrirá cuando el margen de error sea todavía menor?

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