
Tres partidos, 20 minutos, 15 minutos, 30 minutos. Eso es todo lo que ha visto la afición del Real Madrid de Yan Diomandé desde que llegó por cerca de 140 millones de euros. Suficiente para que las redes estallen. Insuficiente, según Mourinho, para sacar cualquier conclusión.
Tras el 4-0 ante el Málaga, el técnico portugués no esperó a que le preguntaran: salió a cortar el debate de raíz. “Tranquilos. Tiene que avanzar paso a paso. Solo ha jugado tres partidos”, dijo en rueda de prensa, con ese tono que mezcla la calma y la advertencia a partes iguales.
Lo más interesante no es lo que Mourinho dijo sobre los minutos, sino lo que dijo sobre el dinero. Fue directo: no puede gestionar a un jugador mirando su precio de fichaje. Y tiene razón en algo que muchos olvidan — Diomandé apenas tiene una temporada completa al máximo nivel, la última con Leipzig en la Bundesliga. Un año. Llega a uno de los tres clubes más exigentes del planeta, con la presión de costar 140 kilos, y la gente quiere respuestas en 65 minutos de fútbol total.
Mourinho describió a un jugador que trabaja duro, que escucha, que es humilde, que quiere aprender. Son palabras que un entrenador suele reservar para los que realmente le convencen en el día a día, no para cubrir las apariencias ante la prensa. Y ese perfil — joven, ambicioso, sin ego inflado — es exactamente lo que necesitas si vas a sobrevivir al Bernabéu.
El problema real no es Diomandé. El problema es la lógica absurda del mercado moderno que obliga a justificar una cifra de traspaso desde el primer entrenamiento. Nadie le pidió a Bellingham que fuera determinante en su primer mes. Nadie crucificó a Tchouaméni por tardar en arrancar. Pero el marfileño llega con un número que pesa, y eso distorsiona la percepción de todo.
¿Qué se puede pedir de manera razonable? Que cuando esté en el campo le den el balón, que se le involucre en el juego real, no que aparezca diez minutos para marcar diferencias desde cero. Ahí sí hay una crítica legítima — si Mourinho confía en él, que se note también en la construcción del juego, no solo en los minutos de cortesía.
La sentencia del técnico fue clara: “Es demasiado joven, todavía demasiado ingenuo, pero tiene un potencial increíble.” Paciencia, no pánico. Por ahora, el juicio queda aplazado.





