
Hay fichajes que nunca terminan de arrancar. El de Dominik Livakovic en el Barcelona apunta a convertirse en uno de ellos antes incluso de debutar.
El portero croata, que llegó al club con la intención de ser una opción real bajo los palos, no fue convocado para el partido de esta noche ante el Rayo Vallecano. La razón oficial: problemas de inscripción. Pero cuando un jugador no puede ni sentarse en el banquillo semanas después de su llegada, las preguntas se acumulan solas.
Lo más llamativo no es que Livakovic esté sin inscribir — eso tiene explicaciones administrativas y económicas conocidas — sino que ya se habla abiertamente de cederle. Es decir, el Barça estaría contemplando desvincularle temporalmente de su proyecto antes de haberle dado una sola oportunidad real. Eso dice bastante del estado actual de su situación en el club.
¿Qué sentido tiene fichar a un portero de nivel internacional si la hoja de ruta lleva directamente a la puerta de salida? Hay dos lecturas posibles. La primera: el club lo trajo como cobertura puntual y nunca fue parte del plan a largo plazo. La segunda, más incómoda: la situación financiera del Barça sigue siendo tan delicada que ciertas incorporaciones se convierten en un problema de gestión antes de ser una solución deportiva.
Livakovic no es un guardameta cualquiera. Fue pieza fundamental en la selección croata en el último Mundial, donde se convirtió en uno de los porteros más destacados del torneo gracias a su actuación en los penaltis. Tiene experiencia europea y cartel suficiente para exigir protagonismo en cualquier equipo que le fichase. Que su historia en el Barcelona pueda reducirse a unos pocos meses de trámites burocráticos y luego una cesión es, como mínimo, una situación extraña.
Por ahora, todo está en el aire. La cesión aparece como alternativa, no como decisión cerrada. Pero el hecho de que ya esté sobre la mesa revela que su continuidad en el equipo está lejos de estar garantizada.
Si finalmente sale cedido, el Barça habrá protagonizado otro movimiento difícil de justificar desde el punto de vista deportivo. Y Livakovic habrá vivido uno de los capítulos más cortos y frustrantes de su carrera en un grande europeo.





