
Cuatro goles en pretemporada, más que Raphinha, más que nadie. Y sin embargo, apenas cuatro minutos en tres jornadas de LaLiga. A primera vista parece una contradicción, pero hay una lógica detrás que el Barça ha preferido no explicar en voz alta.
Hamza Abdelkarim tiene 18 años, ficha del Barça Atlètic y una cláusula de rescisión de 15 millones de euros. Ahí está el problema. Para un club que lo compró definitivamente por 1,5 millones al Al-Ahly y que lo ve como una apuesta real de futuro, tenerlo expuesto al mercado con esa cifra es un riesgo innecesario. Cualquier club mediano de Europa podría llevárselo por lo que cuesta un lateral suplente.
Por eso Flick y Deco han optado por mantenerlo en un segundo plano mientras negocian la renovación. El plan es claro: ampliar el contrato hasta 2029, elevar la cláusula de 15 a 150 millones, y darle un salario acorde con su nuevo rango dentro del proyecto. Solo después de cerrar eso, el jugador tendrá más protagonismo sin que el club quede expuesto.
Su única aparición oficial fue en el debut liguero ante el Rayo Vallecano, entrando en los minutos finales. Ni contra el Elche ni frente al Athletic tuvo minutos. Pero esto no es una señal de que haya caído en desgracia, sino exactamente lo contrario: es la señal de que el Barça lo considera suficientemente valioso como para protegerlo antes de mostrarlo.
Lo interesante del acuerdo con el Al-Ahly es la estructura de bonus que incluye. El club egipcio cobra 750.000 euros cuando Hamza llegue a cinco partidos oficiales con al menos 45 minutos cada uno. Eso explica también por qué Flick no lo fuerza: no tiene prisa en activar esas variables antes de tiempo. El coste total de la operación podría llegar a 6,5 millones si el delantero cumple todos los objetivos, una cifra todavía muy razonable para el perfil que representa.
El contexto competitivo tampoco ayuda a que tenga minutos en el corto plazo. Raphinha arrancó LaLiga con cinco goles en tres jornadas y la llegada de Gabriel Jesus añade otra opción más en ataque. Flick tiene recursos de sobra ahí arriba, así que gestionar la carga de Hamza con calma no le cuesta nada tácticamente.
La gran pregunta no es si Hamza es bueno. La pretemporada ya respondió eso. La pregunta es cuánto tiempo tardará el Barça en cerrar la renovación y, una vez protegido contractualmente, si Flick decidirá darle minutos reales o seguirá usándolo con cuentagotas. Con 18 años y esa proyección, el jugador necesita partidos, no solo promesas de cláusula.





