
Raúl Asencio vivió uno de los períodos más turbulentos de su joven carrera, y esta semana decidió poner fin al silencio con un comunicado que abarca dos frentes muy distintos.
El primero, y más mediático: la absolución en el caso del vídeo de contenido sexual. La Fiscalía había llegado a pedir dos años y medio de prisión por dos presuntos delitos contra la intimidad. Sin embargo, las dos mujeres implicadas retiraron sus acusaciones tras recibir una indemnización y una disculpa formal. Ese perdón, ratificado en el juicio, abrió la puerta a la absolución del defensa del Real Madrid.
El segundo frente es donde Asencio no tiene ninguna excusa que dar — y él lo sabe. El pasado 16 de agosto fue interceptado en un control de alcoholemia en Gran Canaria: 0.90 mg/l en la primera prueba, 0.88 mg/l en la segunda. Resultado: multa de 14.400 euros y ocho meses sin carné. Aquí no hay matices ni interpretaciones jurídicas que valgan. El jugador lo asumió sin rodeos: “Estoy profundamente arrepentido de lo ocurrido y asumo plenamente mi responsabilidad.”
Lo que llama la atención del comunicado no es tanto la absolución judicial — eso ya era público — sino el tono que eligió para hablar de los meses previos. Sin atacar a nadie, pero con un mensaje claro hacia los medios: “Detrás de cada noticia hay una persona y una familia que viven las consecuencias de todo lo que se publica.” Una reflexión que, viniendo de alguien de 22 años que ha visto su nombre en portadas por razones que nada tienen que ver con el fútbol, resulta comprensible.
Hay un detalle que merece atención especial: la referencia directa a José Mourinho. El técnico había señalado públicamente que Asencio debía mejorar no solo dentro del campo, sino también fuera de él. La respuesta del jugador fue, cuanto menos, llamativa: “Ahora me toca hablar a mí. Y estoy absolutamente de acuerdo con mi entrenador: no sólo en el campo, sino fuera de él.”
Es una frase que puede leerse como reconciliación pública con su técnico, o como un mensaje de madurez forzada por las circunstancias. Probablemente las dos cosas a la vez.
Lo cierto es que Asencio cierra este capítulo en un momento en que el Madrid necesita que sus defensas estén con la cabeza puesta únicamente en el terreno de juego. El talento del central no está en discusión — lo ha demostrado en sus apariciones con el primer equipo. La pregunta que queda en el aire es si este golpe de realidad le sirve para dar el salto definitivo, o si el ruido extradeportivo seguirá persiguiéndole más tiempo del que le conviene.





