
Había un plan muy concreto detrás del interés del Barça por Aymeric Laporte. No era un capricho de mercado ni una operación de oportunidad: era la petición directa de Hansi Flick, basada en algo que vio con sus propios ojos durante el Mundial 2026.
Laporte y Pau Cubarsí formaron una dupla que prácticamente no existió para los rivales. España entera solo encajó 1 gol en 7 partidos y se fue campeona del mundo. Flick quería ese mismo central zurdo al lado de Cubarsí en el Barça la temporada que viene. La lógica era impecable.
El club se puso en marcha. Informes internos apuntaban a que la operación podía cerrarse en torno a los 15 millones de euros, Joan Laporta daba luz verde y el propio Laporte, con 32 años, tenía claro que quería volver a España y jugar en el Barça. Todo parecía encajar.
Excepto una cosa: el Athletic Club.
Bilbao no quiso ni sentarse a negociar. Su posición fue clara desde el principio: Laporte tiene contrato, no sale, y menos a un rival directo de LaLiga. Sin espacio para ningún acuerdo, el Barça se retiró antes de comprometer su límite salarial en una operación que no tenía salida. Decisión razonable, aunque el golpe se nota.
Lo que más llama la atención aquí no es que el Barça no fichara —el mercado está lleno de operaciones que no salen—, sino que Flick tenía un argumento tan sólido y específico: rendimiento contrastado, química ya probada con Cubarsí, perfil zurdo que necesita la zaga. No era una apuesta a ciegas. Era una continuación lógica de algo que ya había funcionado a nivel de selección.
Ahora la pregunta es qué pasa con esa necesidad. Deco y su área deportiva seguirán monitorizando el mercado de centrales zurdos durante los primeros meses de temporada. En diciembre evaluarán si hace falta refuerzo en enero o si tiran con lo que hay hasta final de curso.
Es decir, el problema no desaparece, solo se pospone. Si los centrales disponibles dan el nivel en Champions y LaLiga, perfecto. Si no, el Barça llegará a enero con la misma carencia y quizás con menos opciones que ahora.
Laporte, mientras tanto, seguirá en San Mamés. Y el Athletic habrá bloqueado con éxito una salida que podría haber sido beneficiosa para todos, excepto para ellos mismos. Hay que reconocerles la coherencia, aunque a Flick no le haya gustado nada.





