
Hay una cifra que empieza a incomodar en el Santiago Bernabéu: 230 minutos, cuatro partidos, cero goles, cero asistencias. Esa es la producción de Franco Mastantuono en su cesión a la Fiorentina, el destino elegido para que el argentino recuperara el nivel que no mostró en su primera temporada como madridista.
El caso merece repasarse desde el principio porque la inversión no fue menor. El Real Madrid pagó más de 60 millones de euros por Mastantuono el verano pasado, con la ilusión de haber fichado a una de las grandes promesas sudamericanas. Las comparaciones con Lamine Yamal llegaron casi de inmediato, aunque conviene matizar: no fue una equivalencia natural, sino un relato construido en gran parte por la prensa, que necesitaba un espejo mediático para justificar el desembolso.
La realidad en el campo fue mucho más modesta. Con Mourinho ya en el banquillo blanco, Mastantuono cerró su primer curso con apenas 3 goles y 1 asistencia en 35 partidos. Cifras discretas para un futbolista señalado como talento de época. Por eso se decidió buscarle rodaje fuera: la Fiorentina, con Fabio Grosso al mando, aceptó darle galones inmediatos y lo alineó como titular en sus tres primeros compromisos de Serie A.
Ahí está el detalle que cambia el tablero. Grosso apostó por él sin condiciones, le dio continuidad desde el arranque y, sin embargo, ya no estará para acompañar ese proceso: fue destituido tras encadenar tres derrotas consecutivas en el inicio liguero de la Viola. El técnico que confiaba en Mastantuono se va justo cuando el argentino más necesitaba estabilidad en el banquillo.
El fútbol mostrado hasta ahora tampoco ayuda a calmar las dudas: se le describe como un jugador apagado, sin la chispa ofensiva que se esperaba, incapaz de traducir sus condiciones en producción real. Y aquí aparece el fantasma que nadie en Valdebebas quiere nombrar en voz alta: Reinier. El brasileño llegó a los 18 años por 45 millones, encadenó cesión tras cesión sin asentarse nunca, y terminó saliendo del club sin haber cuajado.
Nadie está diciendo que Mastantuono siga ese destino de forma inevitable. Tiene contrato, tiene margen y, sobre todo, tiene tiempo, algo que Reinier fue perdiendo cesión tras cesión. Pero el precedente pesa, y Florentino Pérez observa la situación con una atención que ya no es solo curiosidad, sino alerta.
Lo que necesita Mastantuono ahora mismo no son comparaciones ni etiquetas grandilocuentes, sino algo mucho más terrenal: un entrenador que lo sostenga, minutos consecutivos y la paciencia de un club que, de momento, prefiere esperar antes que sentenciar.





