Compra un equipo de Segunda y sin saberlo firma su portazo definitivo al Camp Nou

Compra un equipo de Segunda y sin saberlo firma su portazo definitivo al Camp Nou

Hay decisiones empresariales que terminan escribiendo, sin querer, el final de una historia deportiva. Eso es justo lo que le está pasando a Lionel Messi.

El argentino avanza en la compra del CD Eldense, equipo de Segunda División española, en una operación que amplía su incipiente imperio futbolístico. Desde abril ya es propietario del Cornellà, con el 85% de las acciones, y ahora busca sumar un segundo club dentro de España. Sobre el papel, es solo un movimiento de negocios más de un futbolista que piensa en su vida después de las canchas.

Pero hay un detalle legal que cambia todo el panorama: la llamada Ley Piqué.

Esta normativa, bautizada así tras el caso del exdefensor del Barça cuando se hizo con el FC Andorra, prohíbe que una misma persona sea dueña de un club profesional y, al mismo tiempo, compita como jugador en otra entidad dentro de España. Es una regla pensada para evitar conflictos de interés evidentes: no puede ser propietario y rival deportivo a la vez dentro del mismo sistema.

Aquí está la ironía. Nadie discutía en serio que Messi fuera a volver a jugar en el Barça mientras sigue en el Inter Miami; esa puerta ya estaba prácticamente cerrada por calendario y por edad. Pero siempre quedaba ese resquicio simbólico, esa fantasía de hinchas de un regreso puntual, una despedida oficial con la camiseta blaugrana. Si la compra del Eldense se concreta, esa fantasía se convierte en imposible por ley, no por decisión personal.

Es decir: Messi no está cerrando esa puerta porque no quiera volver. La está cerrando porque quiere ser empresario del fútbol español, y las reglas del juego no permiten ser dueño y jugador rival al mismo tiempo. Un boleto de ida sin vuelta, firmado sin que probablemente ni siquiera fuera esa la intención.

Ahora todo depende del Consejo Superior de Deportes, que debe autorizar la operación. El trámite puede demorar hasta tres meses, aunque normalmente se resuelve antes. Mientras tanto, la operación no representa ningún obstáculo para que Messi siga construyendo su proyecto en el fútbol español: comprar clubes, no jugar en ellos, parece ser el nuevo capítulo de su carrera.

Lo llamativo es cómo una jugada de expansión empresarial, pensada para el después del retiro, termina teniendo un efecto colateral tan simbólico. El mismo hombre que hizo historia en el Camp Nou podría quedar legalmente impedido de volver a pisarlo con la camiseta puesta, no por decisión futbolística, sino por una letra pequeña que ni siquiera estaba mirando cuando firmó los papeles del Eldense.

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