
Hay noches que quedan grabadas para siempre, y la de ayer fue una de ellas para Franco Mastantuono. El extremo, cedido en la Fiorentina tras su fichaje por el Real Madrid, firmó una actuación que ya empieza a justificar la apuesta que hizo el club blanco por él cuando todavía vestía la camiseta de River Plate.
Lo llamativo no es solo el rendimiento en sí, sino el dato que dejó tras el pitido final: Mastantuono se convirtió en el jugador argentino más joven en anotar un hat-trick en competición europea, superando una marca que hasta ayer mismo pertenecía a Leo Messi. Un dato que, sin necesidad de comparaciones odiosas, sitúa al canterano madridista en un lugar muy especial de la historia del fútbol argentino.
Conviene recordar el camino recorrido hasta aquí. La temporada pasada, bajo las órdenes de Xabi Alonso, Mastantuono dispuso de bastantes minutos sin terminar de asentarse en el once. Con Álvaro Arbeloa al frente del banquillo en la segunda mitad del curso, las oportunidades se redujeron notablemente y el argentino no logró encontrar su mejor versión. La irrupción de José Mourinho como nuevo entrenador trajo consigo una decisión clave: enviarlo cedido a Italia para que sumara rodaje en un campeonato exigente antes de intentar de nuevo dar el salto definitivo al primer equipo.
A día de hoy, esa decisión empieza a parecer un acierto. Lo de anoche no fue un golpe de suerte aislado, sino la confirmación de algo que ya se intuía en Madrid: hay talento de sobra, solo faltaba el contexto adecuado para que floreciera. Jugar con continuidad, sentirse protagonista y asumir responsabilidad son ingredientes que en el Bernabéu, con la presión y la competencia que existen en cada posición, resultan mucho más difíciles de conseguir para un futbolista tan joven.
Lo curioso del caso Mastantuono es que su cesión no responde a un fracaso, sino a una estrategia pensada a largo plazo. El Real Madrid no lo ha perdido de vista y sigue de cerca cada partido que disputa en la Fiorentina. Superar una marca histórica de Messi, por simbólico que sea, no garantiza nada por sí solo, pero sí manda una señal potente: el chico tiene mentalidad de gran jugador y no se arruga ante los focos.
Queda por ver si este hat-trick es un punto de inflexión o simplemente una noche mágica dentro de una temporada de aprendizaje. Lo que parece claro es que, en Chamartín, empiezan a mirar con otros ojos la evolución de un futbolista al que muchos daban por perdido tras dos años sin consolidarse. La historia de Mastantuono, lejos de cerrarse, podría estar apenas comenzando su capítulo más interesante.





