
José Mourinho volvió a mostrar su lado más filosófico en la rueda de prensa previa al duelo ante el Rayo Vallecano, correspondiente a la jornada 5 de LaLiga. Pero más allá del análisis táctico, lo que dejó huella fue la defensa cerrada que hizo de sus dos estrellas más señaladas: Vinicius y Mbappé.
El portugués recurrió a un proverbio para responder a las críticas hacia el brasileño: solo se tiran piedras a los árboles que tienen fruto. Con esa metáfora, recordó las Champions ganadas y los goles anotados por Vini, asegurando que la mejor versión del extremo todavía está por llegar, apoyándose en datos de velocidad máxima y recuperaciones de balón que, según él, baten récords personales.
La misma imagen sirvió para blindar a Mbappé. Mourinho fue más allá y lanzó un dardo directo a parte del entorno futbolístico: hay gente que sabe de fútbol tanto como yo, pero prefiere no decirlo. Según el técnico, ha visto a su equipo resistir con diez hombres, con jugadores exhaustos como Cucurella o el propio Kylian, defendiendo hasta el final, y ese sacrificio colectivo no siempre se reconoce públicamente.
Lo más llamativo, sin embargo, fue su reacción ante los pitos que recibió Vinicius. Mourinho evitó opinar directamente, pero admitió sentirse triste, dejando entrever una crítica velada hacia el propio Bernabéu. Recordó que cuando existe unión entre equipo y afición, el resultado es casi imbatible, citando su propio récord Guinness de partidos sin perder en casa. Aun así, matizó que cada estadio tiene derecho a reaccionar en determinado momento, una frase que suena más a advertencia que a resignación.
En el resto de la comparecencia, el técnico portugués habló sobre la posible sede de la final del Mundial 2026, mostrando debilidad por Lisboa, aunque reconoció que su cargo en el Real Madrid podría restarle credibilidad a esa opinión. También se refirió a las rotaciones pensando en el calendario apretado, la solidez de Courtois pese a su decisión de descansar en la Liga de Naciones, y la buena sintonía entre Valverde y Tchouaméni, de la que dijo no haberse atribuido ningún mérito.
Lo que queda claro es que Mourinho no solo gestiona el vestuario: también libra una batalla paralela con la narrativa externa, defendiendo a sus futbolistas más cuestionados con metáforas que buscan cambiar el relato antes de que el resultado lo haga por él.





