
Hay una pregunta incómoda que Santi Segurola lanzó esta semana en Radioestadio y que merece más atención de la que está recibiendo: ¿por qué el incidente entre Valverde y Tchouameni del año pasado se esfumó de la memoria colectiva mientras el caso Asencio se convierte en un lastre permanente?
El periodista fue directo: lo que ocurrió en el vestuario del Madrid con Valverde y Tchouameni —una agresión física, recordemos— le pareció «mucho peor» que lo de Asencio conduciendo cuadruplicando la tasa de alcohol. Sin embargo, el ruido mediático funcionó al revés. Con las estrellas, el mensaje «se va modulando» hasta que nadie se acuerda. Con los jugadores de banquillo, el escándalo se queda pegado a su nombre para siempre.
Y tiene razón. Asencio ya arrastraba un proceso judicial por la difusión de un vídeo —del que fue absuelto tras el perdón de las víctimas, pero que ya le había desgastado— y ahora suma una conducción ebria en agosto. Dos episodios fuera del campo, jerarquía baja en el equipo, y ningún escudo mediático que lo proteja. La ecuación es cruel pero transparente: cuanto menos vales en el campo, más te cuesta cada error fuera de él.
Esto no significa que lo que hizo Asencio sea menor. Conducir superando por cuatro veces el límite permitido es una imprudencia grave, no solo para su imagen o la del club, sino porque puso en riesgo vidas reales. Él mismo lo ha reconocido. El Real Madrid, como no podía ser de otra manera, tomará medidas disciplinarias internas.
Pero el punto de Segurola va más allá del caso concreto. Lo que describe es un patrón sistémico en el fútbol de élite: los problemas en vestuarios de grandes clubes no son raros —la presión, la frustración, la falta de confianza en el cuerpo técnico generan chispas constantemente—, pero el tratamiento mediático no es proporcional a la gravedad de los hechos, sino a la jerarquía del implicado.
Federico Valverde es titular indiscutible. Aurélien Tchouameni también. Raúl Asencio es un defensa que lucha por minutos. La diferencia en la cobertura periodística dice más sobre cómo funciona el ecosistema mediático alrededor del fútbol que sobre la moral de ninguno de los tres jugadores.
Asencio quiere demostrar que puede cambiar y tener una carrera sólida en el Madrid. Puede que lo consiga dentro del campo. Pero Segurola tiene razón en algo: fuera de él, este chico ya lleva demasiado peso para alguien que todavía no ha jugado suficiente para ganarse el derecho al olvido.





