Siete ocasiones creadas, cinco balones recuperados: el premio de Güler fue salir del campo

Siete ocasiones creadas, cinco balones recuperados: el premio de Güler fue salir del campo

Hay una escena que se repite tanto en el Real Madrid que ya podría considerarse tradición. Un centrocampista joven rinde por encima de la media, el equipo no encuentra fluidez, y cuando el entrenador decide mover ficha, la víctima es precisamente el que mejor estaba jugando. En La Cartuja, esa víctima volvió a llamarse Arda Güler.

Los números no admiten discusión: siete ocasiones de gol generadas, la cifra más alta de todo el Real Madrid ese día, más cinco balones recuperados. Pese a eso, cuando Mourinho necesitó un cambio porque el equipo no carburaba, la tijera cayó sobre el turco. La tarjeta amarilla que Güler tenía encima sirvió de coartada oficial. El propio Mourinho llegó a reconocer después que quizás no fue la decisión más justa. Mientras tanto, Mbappé, Vinicius, Bellingham y Valverde completaron los noventa minutos sin que nadie moviera un dedo.

Lo interesante no es señalar culpables entre esos cuatro. Bellingham arrastraba una carga física enorme tras un inicio de temporada brutal y un Mundial de exigencia máxima; en Sevilla, con calor y humedad extremos, era el candidato perfecto para descansar minutos. No descansó ninguno. Esa es la paradoja: hay futbolistas a los que se protege cuando lo piden, y otros a los que no se les da ni la opción aunque el cuerpo lo esté pidiendo a gritos.

El precedente más elocuente lo dejó el propio antecesor de Mourinho en el banquillo. Xabi Alonso se atrevió a sustituir a Vinicius en un Clásico, y el brasileño respondió con un gesto de camino al banquillo que recorrió medio mundo y que buena parte del Bernabéu todavía no le perdona. Poco después, Alonso ya no dirigía al equipo. Valverde también tuvo sus roces con el técnico vasco. Ninguno de los dos salió perjudicado. El que se quedó sin trabajo fue el entrenador.

No hace falta imaginar una conspiración palaciega para entender el patrón: basta con mirar quién sigue en el campo y quién no. Mourinho, que difícilmente puede acusarse de ingenuo, parece haber tomado buena nota de lo que le costó a su predecesor tocar a los intocables. El Real Madrid, sin necesidad de escribirlo en ningún reglamento, ha convertido a ciertos futbolistas en activos que valen más por su valor de mercado, su tirón mediático y su peso publicitario que por el rendimiento puntual en el césped. Ahí, la cuenta de resultados también decide alineaciones.

Mourinho conoce el paño mejor que nadie: sabe distinguir entre tener autoridad y tener poder real, y sabe que mandar en el vestuario del Bernabéu tiene un precio que no siempre se puede pagar. Así que, de momento, cuando hay que sacrificar a alguien, la mirada se dirige hacia Güler. El turco ya identificó a sus cuatro rivales más duros de la temporada. La ironía es que los cuatro visten su mismo escudo.

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