Busquets pone a Cesc Fàbregas en la conversación para un banquillo muy concreto

Busquets pone a Cesc Fàbregas en la conversación para un banquillo muy concreto

Sergio Busquets ha dejado una frase que va a dar que hablar en la Ciudad Deportiva: los grandes entrenadores dirigen a los grandes equipos, y Cesc Fàbregas va camino de serlo. La pregunta, claro, no era casual. Y la respuesta tampoco.

El exmediocentro, ahora en el cuerpo técnico del Barça Atlètic junto a Juliano Belletti, habló desde Roma sobre dos frentes que le tocan de cerca: el presente del primer equipo azulgrana y el futuro de su excompañero en el Como.

Sobre el Barça de Hansi Flick, Busquets no se anduvo con rodeos. Considera que el equipo tiene plantilla y entrenador para volver a pelear por la Champions. El Barça tiene un gran entrenador y tantos grandes jugadores, ¿entonces por qué no?, lanzó, en una declaración que suena más a convicción que a cortesía diplomática.

Pero el verdadero titular está en lo que dijo después. Fàbregas ha arrancado la temporada en la Champions con un golpe sobre la mesa: 4-1 al RB Leipzig con el Como, un resultado que ha hecho mirar dos veces el nombre de un equipo recién llegado a la máxima competición continental. Busquets no escondió su admiración por ese arranque y fue más allá al ser preguntado directamente si ve a Cesc algún día entrenando al Barcelona.

Aquí es donde conviene leer entre líneas. Busquets no dijo que Fàbregas vaya a ser el próximo técnico culé, ni puso plazos, ni citó nombres de directivos. Lo que hizo fue algo más sutil y quizá más significativo: colocar a su excompañero dentro de la conversación de los entrenadores de élite, en un momento en que el banquillo del Barça siempre está bajo el radar de aficionados y prensa. En el fútbol, ese tipo de declaraciones desde dentro del club pesan distinto a las de un analista externo.

Lo curioso es el timing. Fàbregas lleva apenas un puñado de partidos al frente del Como en la máxima competición europea, y ya se habla de él como candidato futuro para uno de los banquillos más exigentes del mundo. Es un salto enorme de expectativas para alguien que todavía está demostrando su valía en Italia. Pero el fútbol funciona así: basta una goleada como la del Leipzig y un excompañero con peso específico como Busquets para que el nombre empiece a sonar con otra fuerza.

Habrá que ver si esto queda en un halago cariñoso entre amigos o si, dentro de unos años, se recuerda como la primera piedra de algo más grande.

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