
Le tiran la pregunta incómoda sobre el caso Negreira, esperando que suelte alguna bomba sobre el árbitro catalán y los títulos que el Barça se llevó en aquella época. Y Modric, en vez de aprovechar la oportunidad para señalar hacia afuera, hace algo que pocos capitanes se animan a hacer: apunta hacia adentro.
El dato es este: en su etapa dorada en el Bernabéu, el croata ganó seis Champions League pero solo cuatro Ligas. Una desproporción brutal para un club que se supone domina en todos los frentes. Y cuando le preguntan por qué, no habla de arbitrajes, no habla de Negreira, no habla de conspiraciones. Habla de mentalidad.
“¿Por qué ganamos más Champions que Ligas? Creo que porque no estábamos tan enfocados en el día a día”, suelta sin filtro. Y ahí está la clave de todo: en Europa, cada partido era una final. Fallabas y te ibas a casa. En Liga, en cambio, siempre había un colchón mental de “ya lo arreglamos la próxima jornada”. Ese exceso de confianza, jornada tras jornada, terminaba pasando factura.
Lo interesante es que Modric no se victimiza ni banaliza el tema Negreira -de hecho reconoce que “no es normal”- pero se niega rotundamente a usarlo como excusa. Podría haber sido la salida fácil: cualquier capitán con seis Champions en la vitrina tiene autoridad moral para señalar hacia afuera y quedar como el agraviado. Él eligió el camino más difícil, el de la autocrítica pura: “Yo creo que también es parte de nuestra culpa no haber ganado más Ligas”.
Y ojo con el otro dato que suelta de pasada: reconoce que el Barcelona de esos años era una máquina de no soltar puntos. “El Barça era muy fuerte y no te dejaba recuperarlos”, admite. O sea, ni siquiera le echa la culpa completa a la falta de foco propio: también hay que darle crédito al rival que no perdonaba ni un tropiezo.
Lo que más me gusta de esta reflexión es lo poco habitual que es en el fútbol de hoy, donde todo el mundo busca un culpable externo. Modric analiza fríamente su propia generación y llega a una conclusión incómoda pero honesta: ganaron menos Ligas de las que debieron, no por mala suerte ni por arbitrajes, sino porque el equipo se relajaba en la rutina de 38 jornadas y solo se ponía el traje de gala cuando encendían las luces de la Champions.
Eso sí, tampoco hay arrepentimiento real. Cierra con una frase que resume su filosofía: “La Champions es lo que todos quieren ganar, y tener seis es algo impresionante, por eso no cambiaría nada”. Y la verdad, es difícil discutirle algo a un tipo que tiene seis Champions y un Balón de Oro en la vitrina.
Al final, la lección que deja Modric es más de vestuario que de fútbol: la concentración se entrena y se sostiene, no aparece sola en las noches importantes. Y a veces, hasta las generaciones más ganadoras de la historia tienen que reconocer que se dejaron puntos por el camino sin que nadie más que ellos mismos tuviera la culpa.





