
Hay una pregunta que sobrevuela el vestuario del Real Madrid y que nadie del cuerpo técnico responde en público: ¿por qué Mourinho no toca a Vinicius, Mbappé y Bellingham ni cuando el partido pide un cambio a gritos?
La victoria 2-1 ante el Inter de Milán el martes en el Bernabéu, en el mismo escenario donde ambos clubes debutaron en la historia de la Champions League, debería haber cerrado la boca a los críticos. No fue así. En la tertulia de Siro López se abrió fuego directo contra el entrenador portugués por no sustituir a Vinicius en tramos donde el brasileño ya daba señales de agotamiento, pese a que se dejó el alma también en tareas defensivas ante los italianos.
Juan Carlos Rivero fue más allá y puso el foco sobre los otros dos nombres que nunca salen del campo pase lo que pase. Su frase resume el dilema: Mourinho quiere sacar lo máximo de Mbappé y Bellingham y que estén lo más contentos posible. Pero el propio presentador añadió el matiz que incomoda: en algún momento los va a tener que cambiar.
Lo curioso es que Mourinho no parece nada nervioso ante estas críticas. Y ahí está la clave que muchos analistas pasan por alto: el técnico luso lleva apenas unos meses al mando de un equipo que arrastra una temporada lejos de lo normal, sin pretemporada convencional ni tiempo para instalar automatismos colectivos. Pedirle resultados de manual táctico perfecto en octubre es, cuanto menos, apresurado.
El propio Mourinho lo dejó claro tras el triunfo ante la Real Sociedad, en una rueda de prensa donde no escondió su filosofía de trabajo. Explicó que a estos futbolistas hay que enseñarles sobre todo a jugar en equipo, no tanto en lo individual, porque el talento ya lo traen de casa. Habló específicamente de Mbappé, subrayando que el francés no es solo un rematador que espera el balón: baja a construir, combina con Bellingham y aparece de cara a portería con una calidad que, según sus palabras, comparten todos los de arriba.
Ahí está el verdadero pulso de esta era Mourinho en el Bernabéu. No es que ignore el desgaste de sus estrellas ni que sea ciego a los datos físicos. Es que está construyendo algo más grande que un cambio puntual: un sistema donde Vinicius, Mbappé y Bellingham entiendan primero el juego colectivo antes de que él empiece a dosificar minutos. La pregunta de Rivero sigue en el aire, y probablemente Mourinho tenga la respuesta clara desde hace semanas. Solo falta ver cuándo decide aplicarla.





