
Hay declaraciones que se hacen por cortesía y otras que se hacen porque no queda otro remedio. Las de Cesc Fàbregas sobre el Barça parecen pertenecer al segundo grupo, especialmente porque las pronunció días antes de tener que plantarle cara con el Como en la Champions League.
El técnico italiano vio con atención la goleada azulgrana ante el Feyenoord (5-1) y lo que le sorprendió no fue el marcador, sino el rival al que se lo endosaron. Fàbregas insistió en que el Feyenoord es, en sus palabras, muy buen equipo. El problema, admitió, es que eso ya no importa demasiado cuando el Barça decide encontrar soluciones en todo momento.
Lo más revelador de su análisis no es el elogio genérico, sino el detalle táctico que compartió. El Feyenoord intentó anular a los generadores de juego del Barça con marcaje individual estricto: persiguieron a Rodri, persiguieron a Pedri, hicieron los deberes que cualquier rival haría. Y aun así, según Fàbregas, el equipo de Hansi Flick siguió encontrando grietas por todos lados.
Ahí está la clave incómoda para el propio Como. Si ni siquiera el marcaje hombre a hombre sobre los puntos calientes del mediocampo culé sirve de contención, ¿qué le queda a un equipo que llega a esta eliminatoria como claro aspirante a comparsa? Fàbregas no lo dijo así, pero la conclusión se cae sola.
El excentrocampista, que conoce el club azulgrana desde dentro tras haber vestido esa camiseta, no escondió su preocupación de cara al choque europeo. Reconoció que el nivel que muestra el Barça actualmente da miedo, una frase que suena casi resignada viniendo de alguien que tendrá que diseñar un plan de juego para frenarlos en pocos días.
Lo interesante de este episodio no es tanto el piropo —los rivales suelen alabar al Barça antes de enfrentarlo, es parte del ritual previo— sino la honestidad con la que Fàbregas admite que no ve una fórmula clara para pararlos. No habló de un plan mágico ni de una debilidad detectada. Habló de un equipo que resuelve problemas sobre la marcha, algo mucho más difícil de neutralizar que un simple exceso de individualidades.
Para el Como, el mensaje de su propio entrenador funciona casi como una advertencia pública: el marcaje no basta, la intensidad no basta, incluso jugar bien —como hizo el Feyenoord— puede no ser suficiente. Queda por ver si Fàbregas guarda algún as bajo la manga o si, simplemente, se está preparando mentalmente para asumir lo inevitable.





