
Hay derrotas que se olvidan rápido y otras que dejan preguntas incómodas flotando en el ambiente. La del Real Madrid ante el Betis en La Cartuja pertenece claramente a la segunda categoría, y no precisamente por el marcador.
El 1-0 dolió, sí, pero lo que sigue dando de qué hablar es lo que pasó después: Kylian Mbappé, que había tenido ocasiones para resolver el partido él solo —incluido un penalti fallado en el descuento— se sentó ante los medios en la previa del duelo europeo contra el Inter de Milán y, según varios periodistas presentes, mostró una actitud que dejó frío a más de uno.
Entre los que no se guardaron nada estuvo Raúl Varela, conductor de La Tribu de Radio MARCA, que lanzó una frase que ya circula por redes: “Es el Cristiano Ronaldo de Hacendado”. Una manera brutal de decir que hay imitación de gesto, pero no de fondo.
Y aquí conviene detenerse, porque la comparación no es gratuita. Durante años, Cristiano Ronaldo construyó en el Bernabéu una reputación blindada: perdía, se enfadaba con él mismo antes que con nadie, y devolvía la respuesta en el campo la semana siguiente. Esa autoexigencia pública era casi tan famosa como sus goles.
Lo que Varela señala es que Mbappé, en cambio, no ofreció ese gesto de autocrítica que muchos esperaban tras un partido en el que —palabras del propio periodista— “podía haber metido cuatro goles en La Cartuja”. Para Varela, la ocasión pedía humildad, y el francés no la mostró.
Ahora bien, conviene poner esto en su justa medida. Criticar el tono de una rueda de prensa es legítimo, pero reducir la comparación con Cristiano a una cuestión de actitud ante los micrófonos ignora un dato: Cristiano tardó temporadas en convertirse en ese referente de resiliencia. Mbappé lleva apenas un curso en el Real Madrid, todavía adaptándose a una exigencia mediática que en el PSG no existía con la misma intensidad.
Dicho esto, el fondo del problema no desaparece: en el Bernabéu no basta con el talento, hace falta ese gesto de asumir la responsabilidad cuando las cosas no salen. Y ese gesto, ayer, no llegó.
La buena noticia para Mbappé es que el fútbol ofrece revancha rápida. El debut en la Champions ante el Inter es la oportunidad perfecta para responder donde de verdad importa: en el campo. Un partido grande, protagonismo, goles, y las dudas sobre su carácter empezarían a disolverse solas.
Porque al final, por mucho que pese la imagen en una comparecencia, en el Real Madrid manda una regla no escrita: los goles hablan más fuerte que cualquier declaración. Y esta noche Mbappé tiene la palabra, pero con los pies.





