Mourinho elogia a Chivu antes de verlo como rival, pero hay una frase que no cuadra con su fama de ganador

Mourinho elogia a Chivu antes de verlo como rival, pero hay una frase que no cuadra con su fama de ganador

Hay algo curioso en José Mourinho hablando de Cristian Chivu: el mismo entrenador que construyó su leyenda a base de ganar todo lo ganable, admitiendo públicamente una sorpresa que suena casi a reproche disfrazado de elogio.

El Inter llega lanzado al cruce de octavos de la Champions League. Antes, tuvo que sudar una victoria por 3-2 ante el Napoli este fin de semana, resultado que lo coloca en buena forma para un cruce cargado de historia: enfrentará al Real Madrid, y en el banquillo rival estará Chivu, el mismo jugador que Mourinho dirigió cuando ambos levantaron la Champions League en 2010 con la camiseta nerazzurra.

El reencuentro tiene morbo por partida doble. Mourinho fue preguntado sobre si veía en Chivu madera de gran entrenador, y su respuesta fue medida pero reveladora. Explicó que cuando los futbolistas están en activo, toda la atención se centra en el juego, y que él tuvo mucho trato con Chivu durante su etapa al frente del Primavera del Inter, incluso lo visitó en Roma. Ahí, según contó, detectó algo que no siempre encuentra en los exjugadores que dan el salto a los banquillos: pasión real por un oficio duro.

Hasta ahí, el elogio suena lógico. Lo llamativo viene después, cuando Mourinho analiza al Inter como institución. Habló de un proyecto de seis años que atraviesa a Antonio Conte, pasa por Simone Inzaghi y ahora llega a Chivu, manteniendo siempre el mismo sistema de juego y el mismo tipo de futbolista. Un equipo, dijo, capaz de jugar con los ojos cerrados por su calidad, madurez y nivel físico.

Y entonces suelta la frase que no termina de encajar: la verdadera sorpresa de los últimos años es que ese Inter, con esa continuidad y ese nivel, no haya ganado la Champions League.

Es una declaración incómoda para el propio club, viniendo además de alguien que sabe exactamente lo que hace falta para ganar ese título, porque lo hizo con esa misma camiseta. Mourinho no lo dice como crítica directa, pero el mensaje queda flotando: el material está, el sistema está, la gente está. Falta el trofeo.

Este cruce ante el Real Madrid será apenas el primero de dos capítulos personales para Mourinho esta temporada. Más adelante, su otro exequipo, la Roma, también se medirá al conjunto blanco en la capital italiana. Dos duelos, dos historias, y un portugués que sigue viendo fantasmas propios en cada rival que le toca enfrentar.

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