
Fenway… no, corrección: Mourinho volvió a las andadas, pero esta vez con un giro particular. En la previa del debut europeo del Real Madrid frente al Inter, el técnico portugués no se guardó nada sobre el polémico penal ante el Betis. Sin embargo, lo llamativo no fue la queja en sí, sino el matiz que introdujo: dejó claro que la derrota no se debió a esa jugada, y aun así exigió explicaciones con una dureza que sorprendió a todos.
La frase que resume su enojo fue contundente: ¿por qué no ha sido repetido el penal? Se preguntó si el VAR desconocía el reglamento o simplemente no quiso intervenir, y fue tajante al plantear una consecuencia extrema: si fue por ignorancia, ese responsable tiene que irse a casa. Mourinho remarcó que buscaba honestidad, no una excusa técnica, y pidió que llamaran al árbitro para revisar la jugada en el campo, algo que -según él- no tiene explicación lógica.
Hubo más leña para el fuego arbitral: cuestionó por qué el capitán merengue fue amonestado simplemente por señalar su brazalete, un gesto que consideró inofensivo y que, a su entender, forma parte del rol natural de un capitán al dialogar con el colegiado.
Pero el verdadero contraste llegó cuando cambió completamente el tono. Al hablar de su regreso al Santiago Bernabéu, el mismo hombre que segundos antes exigía cabezas en el arbitraje se mostró sereno, casi filosófico. Recordó que en ese estadio vivió su mejor y su peor momento como entrenador -una Champions ganada y una semifinal perdida en los penales- pero fue claro: no cargará con ese pasado. Para Mourinho, aquel ciclo de 2013 quedó cerrado, y el Real Madrid actual, con más títulos europeos en la vitrina, es una historia completamente distinta. Aun así, no ocultó la ilusión personal que le genera pelear otra vez por la Champions con este club.
Sobre el golpe anímico tras la derrota en Sevilla, el técnico fue optimista: describió a un plantel golpeado en el vestuario pero completamente recuperado para el entrenamiento, y atribuyó los goles fallados a una anomalía puntual, no a un problema de fondo.
Y hubo espacio también para la nostalgia: su reencuentro con Christian Chivu, extécnico del Inter y viejo colaborador suyo, promete un abrazo cargado de historia compartida, aunque durante los noventa minutos, aclaró, no habrá lugar para la amistad.





