Lamine Yamal aparece en rueda de prensa con una pieza que ni Cristiano lució a los 19 años

Lamine Yamal aparece en rueda de prensa con una pieza que ni Cristiano lució a los 19 años

Antes de que el Barça saltara al césped ante el Feyenoord en la fase de grupos de la Champions, Lamine Yamal se sentó frente a los micrófonos como hace antes de cada gran cita europea. Pero esta vez las preguntas sobre el partido pasaron a un segundo plano. Su muñeca izquierda se robó el protagonismo.

El canterano llevaba un Audemars Piguet Royal Oak Selfwinding Chronograph, una pieza de oro rosa de 18 quilates con un bisel cuajado de 40 diamantes talla brillante y cronógrafo integrado. Según el mercado y la configuración, esta joya suiza puede rondar o superar los 100.000 euros. No es un reloj que se compre en cualquier boutique: Audemars Piguet selecciona a quién vende sus modelos más codiciados, priorizando el historial y la relación previa con la firma. Que Lamine tenga acceso a uno dice tanto de su poder adquisitivo como de su estatus dentro del circuito de coleccionistas de alta relojería, algo poco habitual para alguien que apenas ha cumplido 19 años.

Y no es una pieza aislada. El extremo azulgrana ya venía construyendo una colección notable, con predominio de Rolex: un Cosmograph Daytona en oro y diamantes valorado cerca de 130.000 euros, un GMT-Master II “Root Beer” con su combinación de acero y oro, y un Oyster Perpetual Celebration Dial, apodado “Bubble Dial” por su esfera turquesa repleta de círculos de colores. Cuatro relojes de gama altísima antes de los 20 años forman ya un patrimonio que muchos profesionales tardan una carrera entera en reunir, si es que llegan a hacerlo.

Lo llamativo no es solo el lujo en sí, sino la velocidad con la que Lamine ha normalizado moverse en ese mundo. Mientras su rendimiento en el campo sigue disparado, con tres Ligas, una Copa del Rey, dos Supercopas, una Eurocopa y un Mundial en su vitrina junto al Golden Boy y el Trofeo Kopa, su vida fuera del terreno de juego avanza al mismo ritmo vertiginoso. Su reciente renovación con el Barça, cuyas cifras exactas siguen sin confirmarse oficialmente, lo coloca entre los futbolistas mejor pagados del planeta, y accesorios como este Audemars Piguet son la prueba visible de ese salto económico.

Hay quien lo mira con naturalidad: a esa edad, con ese contrato, es lógico que se dé estos gustos. Otros lo interpretan como una exposición constante que puede generar ruido innecesario alrededor de un futbolista tan joven. Lo cierto es que Lamine parece gestionar ambas facetas, la deportiva y la mediática, con una madurez que sorprende incluso a quienes llevan años siguiendo su carrera. El reloj, al final, es solo el síntoma más visible de un fenómeno mucho más grande: un chico de 19 años viviendo como una estrella consolidada, dentro y fuera del campo.

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